Con las bromas típicas de probar primero para ver si no quedaban ciegas o morían, las primeras degustadoras de estos helados fueron las dos amigas que se propusieron hacer algo que destacara a Valle Fértil y que rompiera todos los moldes. Y no sólo que mantuvieron sus ojos y vidas intactos, sino que los sabores de helados que crearon superaron con creces sus expectativas. En San Agustín, en la heladería Valle de la Luna, empezaron a ofrecer helados de cidra y chinchil que rápidamente se convirtieron en una sensación entre vallistos y turistas. Tan bien les fue, que ahora venden los sabores ‘pétalos de rosa‘, ‘chocolate Ischigualasto‘ y están experimentando para hacer helados de algarroba.

Todo comenzó cuando Mónica Rojas, dueña de la heladería, y Gabriela Guerra, que fabrica dulces en Astica, pensaron en unir sus trabajos para generar un plus. Y ahí nació lo de los helados de cidra y chinchil. ‘La cidra es característica de Astica y el chinchil de las sierras de Valle Fértil, dos aspectos fundamentales para crear esos sabores. Pero además, el chinchil es conocido por sus propiedades afrodisíacas, así que nos cerraba todo‘, contó Mónica.

‘Entonces yo hice lo que llamamos base, con las cidras y el chinchil, y Mónica se encargó de los helados. Son sabores que parecen raros, pero que son suaves y han tenido muchísima aceptación en los vallistos y también en turistas‘, agregó Gabriela.

El helado de cidra se asemeja a una mousse de limón y el de chinchil a la vainilla. ‘Como es conocido que el chinchil es afrodisiaco, muchos matrimonios vienen y obviamente aparecen las bromas de las mujeres, que dicen que traen a la fuerza a sus maridos a tomar helado‘, contó Mónica.

Como los helados tuvieron buena salida, surgió la idea de probar con el sabor ‘pétalos de rosa‘, en base a una jalea que fabrica una finca de la zona, que planta rosas junto a sus vides; y luego crearon el ‘chocolate Ischigualasto‘. ‘Es crema artesanal de chocolate, avellana y chocolate en rama. En realidad, lo llamamos así por el color de la crema, que se parece al de la tierra del Valle de la Luna. A los turistas les divierte que cuando nos preguntan qué tiene, les decimos: trocitos de fósiles‘, bromeó Mónica.

Ahora, están probando en hacer helado de algarroba y el desafío, según Gabriela, pasa por mezclar la algarroba con otras bases para disminuir su sabor tan intenso. ‘Estamos experimentando porque la algarroba tiene un sabor muy fuerte y tenemos que encontrar el equilibrio justo‘, apuntó Gabriela.

Los helados se venden en cucurucho y en potes sólo de hasta un cuarto de kilo, por cuestiones de stock, y cuestan desde $15 (una bocha) hasta $36 (un cuarto).