Las trajeron para trabajar y terminaron dándole vida a un vecindario. Fueron las familias riojanas que en la década de 1940 se asentaron en una zona de Concepción, Capital, para trabajar en la cosecha. Muchas de ellas se radicaron definitivamente en este lugar al que ahora se lo conoce popularmente como Rioja Chica. Ayer se realizó una fiesta vecinal para revalorizar esta zona y despojarla de su estigma negativo, ya que en los últimos tiempos arrojó noticias de inseguridad y delincuencia. Fue organizada por la Unión Vecinal Concepción Oeste, que también festejó sus Bodas de Oro, y el municipio de la Capital.
En los años ‘40 funcionaban en la zona dos de las bodegas más importantes de la provincia, la López Peláez y la Antigua Bodega que se encontraban en su época de esplendor y que necesitaban mano de obra. Es por eso que los propietarios salieron a buscar peones en las provincias vecinas. ’Recorrieron todas las provincias limítrofes ofreciendo trabajo, pero los riojanos fueron los más interesados en aceptar la propuesta’, dijo María Amelia Mancilla, directora del Museo de la Memoria Urbana.
Los primeros riojanos llegaron entre 1942 y 1943, trasladados por los bodegueros en camiones desde su provincia. Se alojaron en las casas que había en los viñedos hasta que pudieron construir sus propias viviendas y establecerse definitivamente.
Tras el terremoto del ’44, varias familias sanjuaninas que vivían en esta zona de Concepción emigraron a otras provincias. Como consecuencia, la zona quedó poblada casi íntegramente por riojanos que se animaron a manifestar sus propias costumbres.
’Para la época de carnaval los veíamos chayar con harina y nos parecía muy extraño. Pero con el tiempo participábamos de esa costumbre. Nosotros llevábamos la añapa de algarrobo para celebrar’, recordó María Carrascosa que por 25 años estuvo al frente de la Unión Vecinal Concepción Oeste y que ayer recibió un reconocimiento a su trayectoria.
Rosa Vidable nació en La Rioja, pero desde 1960 vive en Concepción. Llegó a San Juan para estudiar y eligió instalarse en esa zona para estar cerca de sus afectos. ’Mis primos vinieron a trabajar en la cosecha en los ’40. Me decían que viniera a Concepción que no me iba a arrepentir. Tenían razón. Siempre nos trataron sin hacer diferencias’, dijo.

