Las distintas etapas de la piel tienen necesidades que la cosmética intentará solventar con los activos más eficaces en cada caso. Estos son algunos de los más comunes. En la adolescencia lo ideal son los que poseen agua termal, agua de rosas, extractos vegetales, activos hidratantes o gliceroles, en texturas ligeras adaptadas a cada tipo de piel (grasa, seca, mixta o normal). A partir de los 30 como activos hidratantes generales convienen urea, ceramidas, siliconas, ácido hialurónico (por su gran capacidad de retener agua) o liposomas. También los aceites vegetales de borraja, onagra, soja y rosa mosqueta, que son afines a la piel y tienen gran capacidad para restaurar su hidratación natural. Desde los 40 años los alfa- hidroxiácidos (glicólico, láctico, málico) regulan la queratinización y producen una textura luminosa. Las vitaminas A, C y E, y sus derivados, retinoles, tocoferoles y betacarotenos, tienen acción antioxidante y antirradicales libres y también aportan luminosidad. A partir de los 50 el ácido hialurónico, el colágeno soluble y el matrixyl estimulan la síntesis de colágeno y el relleno y la turgencia de la piel. Los péptidos como el argireline tienen efecto bótox. El DMAE devuelve el tono, la firmeza y combate la flacidez. Los betaglucanos rellenan las arrugas.
