La leyenda es tan seductora como dañina. Se dice que en Semana Santa, en lo que hoy se denomina "Yacimiento Angualasto" (Iglesia), se iluminan los tesoros. Por eso, los lugareños y personas supersticiosas aparecen de noche en una zona donde desde hace más de 1.000 años vivieron los aborígenes. Y casi como un ritual, llegan y hacen pozos en distintos lugares, especialmente cerca de las ruinas, esperando que se produzca el milagro: que brillen los tesoros a la luz de la luna.

A estos excavadores se los llama "huaqueros" y el daño que realizan en esta fecha es incalculable. Por eso, Juan Salvo, director de Patrimonio Cultural de la provincia, anunció ayer que se aumentará la vigilancia en el lugar, aprovechando la cercanía del puesto Angualasto de Gendarmería.

"En Semana Santa es cuando más se profana este sitio de gran riqueza arqueológica. Cuando los huaqueros escarban suelen romper cosas valiosas para nuestra cultura. Tuve una reunión hace unos días con el subjefe del escuadrón Jáchal, Sergio González, y se comprometió con la gente del puesto Angualasto a patrullar la zona más seguido en estos días", dijo Salvo.

"Los huaqueros vienen cuando baja el sol y a escondidas. Por eso es fundamental este patrullaje frecuente. El año pasado, con la ayuda de la Gendarmería, se hizo un buen trabajo pero esperamos mejorarlo ahora", apuntó el funcionario.

Como otra medida para proteger el yacimiento, ya se terminó una larga empalizada perimetral y luego se iniciará el cercado con alambre.

El yacimiento arqueológico Angualasto tiene unas 230 hectáreas aproximadamente y comprende la Aldea Angualasto (año 1.200 al 1.460 DC), las tumbas de la cultura Aguada (700 y 1.000 DC) y Punta de Barro (50 al 280 DC). El 21 de enero pasado, todo el yacimiento fue declarado lugar histórico nacional y a la aldea se la nombró monumento histórico nacional. En ese lugar se conservan ruinas de casas, corrales, tamberías (depósitos de provisiones) y hasta vestigios de lo que era una avenida principal. Esa aldea era el punto neurálgico de la cultura Angualasto en San Juan, que mantenía relaciones comerciales con pobladores de los territorios actuales de Catamarca y La Rioja.

A cada paso es posible encontrar hoy piedras o fragmentos de jarrones que los aborígenes utilizaban en su vida diaria, por lo que es un lugar de invaluable valor arqueológico. "Hay que generar conciencia, entender lo valioso que es todo esto. Y fundamentalmente, protegerlo", agregó Salvo.