�Su pegada lo convirtió a principios de la década pasada en una gran promesa del boxeo nacional. Como amateur, fue campeón argentino e incluso combatió cuatro veces con nada menos que Lucas Matthysse, saliendo airoso en tres de esos mano a mano. En el campo rentado, donde debutó en el 2004, Funes no pudo confirmar los pronósticos. Su inicio como profesional fue de a poco y cuando se encontraba radicado en Córdoba. De a poco fue ganando espacio en la consideración de los promotores y su mayor logro lo obtuvo en tierras mexicanas cuando en el 2010 dio el batacazo al superar por puntos al local, Marcos Reyes, y se coronó campeón mundial Juvenil welter (69,500 kg) del CMB, algo inédito para un boxeador sanjuanino. Pero lo que debía ser el envión hacia arriba no lo fue tanto. Por el contrario, comenzó una caída en su trayectoria que lo llevó a combatir contras púgiles de menor calidad, pero que igual lo superaban. Probó suerte en veladas en el exterior como en Rusia, México y hasta en Ghana, pero su carrera no se enderezó nunca más. Su último combate oficial fue en abril de este año y cayó por nocaut en el sexto asalto. Con 34 años, 24 victorias y 17 derrotas, Amilcar empezó a masticar la palabra retiro
