Y pasó. No una, ni dos, sino tres veces en pocos días. Perros domésticos, rendidos a un extraño impulso, se volvieron en contra de humanos conocidos, niños, adultos y ancianos. Entonces se desató la turba de opinólogos en las redes sociales, esas trincheras anónimas que envalentonan a todos para emitir juicios que no se podrían sostener frente a frente.
El problema está planteado, y hay un legislador que seguramente llevará agua para su molino: la gente pide a gritos justicia, sacrificio de los animales agresores, intervención de las autoridades. Él tiene la respuesta: una ley para regular la tenencia de perros potencialmente peligrosos.
Vengo a oponer argumentos animalistas a ese proyecto, que ya tiene antecedentes en la Municipalidad de la Capital. Y lo haré así porque se trata de ofrecer una visión distinta a la actual postura antropocéntrica en la que se basan dichos proyectos. Legislar la tenencia de PPP es como comenzar a construir un edificio por la azotea.
Aclaremos entonces qué es el antropocentrismo. ‘Dícese de la concepción filosófica que considera al ser humano como centro de todas las cosas y el fin absoluto de la creación”. Para el antropocentrismo la condición humana debe ser lo único que guíe el juicio. Por extensión, al resto de los seres vivos y al universo en general siempre se los debe considerar a partir del bienestar de las personas. Así la preocupación intelectual y moral por otras criaturas queda subordinada a la necesidad de nuestra especie. Toda la legislación vigente -excepto tal vez las leyes 14.346 (penal nacional) y L-1053 (contravencional provincial) que regulan el maltrato y crueldad animal- está basada en esa filosofía, relegando los derechos de los animales consagrados en la Declaración Universal de los Derechos del Animal (Unesco, 1977) a un segundo plano.
Antropocéntrica es la legislación de zoonosis, que impulsa la vacunación obligatoria contra la rabia, debido a que el virus se contagia al humano, ignorando el calendario de vacunación para las enfermedades de gatos y perros domésticos y comunitarios que cobran muchas más vidas que el ya casi totalmente eliminado Lyssavirus (virus rábico). Antropocéntricos son todos los entretenimientos humanos basados en el sometimiento y cautividad de animales no-humanos: circos, zoológicos, acuarios, carreras, corridas, peleas, domas, jineteadas, etc. Antropocéntrica es la legislación que regula la tenencia responsable de animales domésticos ‘de compañía”, centrando el interés en la ‘salubridad pública” en detrimento de una actitud ética para con los demás animales.
Lo peticionamos durante la campaña electoral de 2015, lo firmaron varios candidatos a cargos electivos: es necesario implementar una política pública seria y orgánica de protección animal, que contemple en forma ordenada la convivencia entre animales humanos y no-humanos en el ámbito urbano y suburbano. El primer paso de ese proceso es el reconocimiento de los animales no-humanos como seres sintientes, promoviendo e instaurando una cultura ciudadana e institucional de respeto a su autonomía, aceptación de su independencia de los intereses humanos, y el derecho a su cuidado y bienestar para alcanzar una coexistencia armónica.
Mientras no exista una integralidad de medidas para el mejoramiento de la vida de los animales mediante la complementación de acciones normativas, educativas, judiciales y toda otra que puedan desarrollar entidades, autoridades políticas, administrativas y policiales de la provincia y los municipios, con el apoyo de la ciudadanía en general, toda acción aislada está destinada al fracaso.
Mientras las autoridades no asuman la importancia de una gestión de conocimiento, uno de los vacíos de las actuales políticas, superando la ‘invisibilidad” del tema animal en la agenda pública y asumiendo la necesidad de acopiar y procesar información sobre el moderno animalismo, cualquier medida aislada está destinada al fracaso o, en el mejor de los casos, a dormir como legislación no implementada.
Una política pública seria y persistente en el tiempo debe garantizar la disponibilidad de un presupuesto de inversión genuino, proveniente de recursos propios (por ejemplo, combinando el hospital público veterinario con un sector de gestión privada); obtención de recursos a través del cobro de servicios asociados al plan de acción a implementar, y mediante procesos de cooperación con agencias u organismos nacionales e internacionales.
La frutilla del postre, una vez que consigamos regular los criaderos y la venta; educar a los tenedores de animales para que sencillamente cierren la puerta de sus casas, evitando así aumentar incesantemente el número de animales perdidos y abandonados; fomentar el rescate y la adopción; instruir al vecino en la necesidad de no matar, no envenenar, no abandonar, no maltratar, ejercitar, alimentar, vacunar, esterilizar, respetar y amar a los animales con quienes convive, tal vez sea, dentro de 5 años, si todavía hace falta, la sanción de una ley para regular la tenencia de perros potencialmente peligrosos.
