Iban 22’ del primer tiempo. Boca era más y necesitaba cristalizarlo en la red. Mouche se había comido el gol hecho tras un gran centro desde la derecha. Apareció Riquelme, la manejó, buscó a Mouche y vino el centro en diagonal al corazón del área de Independiente. Y, claro, tenía que aparecer el Titán, Martín Palermo. Se movió bien, buscó la espalda de los centrales y cuando vio que el centro era casi rasante, que no daba para su fuerte que es el cabezazo, decidió fantasía. Apenas de sobrepique, eligió meterle el taco y de derecha -su pierna menos hábil- para abrir el marcador y sellar otra noche con su leyenda. Así, a lo Palermo. Como le gusta al máximo goleador histórico de Boca, sabiendo que cada gol que convierte y tiene su propia historia. Martín Palermo hace las cosas a lo Palermo, de eso no quedan dudas. De taco y de derecha, bien a lo Palermo.
