Hace exactamente 5 años, los sanjuaninos se envolvían en polémica cuando unos obreros, martillos en mano, empezaron a romper las pircas de la plaza Gertrudis Funes primero y luego las de la de Desamparados. Esas obras generaron un fuerte debate entre los funcionarios municipales de la Capital y diversas instituciones, que pedían que las plazas se mantuvieran con su forma original, lo que finalmente no prosperó. Aquel 27 de enero, los empleados rompieron los dos muros del patio de ceremonia de la Gertrudis Funes, en una medida tomada por cuestiones de seguridad, informaron por entonces las autoridades municipales. Pero desde instituciones como el Colegio de Arquitectos, de la Comisión Nacional de Monumentos y Museos y la Asociación de Defensa del Patrimonio Cultural, pusieron el grito en el cielo.

Es que afirmaban que la plaza Gertrudis Funes, además de ser el primer espacio verde post terremoto de 1944, fue diseñada por uno de los arquitectos más influyentes de la provincia, como Ramos Correa, por lo que pedían que preservaran la concepción original que tuvo del lugar. A la vez, se mostraban en contra de romper el diseño arquitectónico como una forma de mejorar la seguridad.

Ramos Correa fue el artífice de lugares emblemáticos, como la Catedral o el edificio de Turismo, además de las plazas Aberastain y Desamparados.

Precisamente, tres días después de que rompieron los muros de la Gertrudis Funes, hicieron algo parecido en algunas pircas de la plaza de Desamparados, aunque la reducción en la altura no fue tan radical como en la plaza ubicada frente a Bomberos.

VALIOSOS

Según explicaban por entonces los especialistas, Ramos Correa había diseñado las pircas de piedra para poner en valor a grupos de árboles que estaban desde antes del terremoto de 1944. ‘Esos muros tenían que ver con una distribución espacial muy pensada y de lo que se trató por entonces fue proteger lo original. Las plazas diseñas por Ramos Correa son muy características de San Juan y desde el punto de vista arquitectónico son muy ricas. En ese momento yo pedía que antes que demoler había que buscar otra solución. Pero como no soy vecino de ambas plazas, no puedo decir a tantos años si la medida fue acertada o no’, dijo Carlos Campodónico, por entonces secretario de la Asociación de Defensa del Patrimonio Cultural.

Desde el lado municipal, el por entonces intendente Enrique Conti aseguraba que la decisión de sacar los muros se debía a reiterados pedidos vecinales, pues detrás de esas pircas se escondían delincuentes para atacar a las personas, además de usarlos como refugio para drogarse o hacer sus necesidades.

Lo cierto es que los años hicieron olvidar el debate y las pircas, que sólo quedarán en la memoria o simplemente en fotos.