María Luciana Carrizo desde hace 6 años participa de las clases del programa de deporte gratuito de la Capital. "Con 82 años, nunca falto a una clase de las Pistas de la Salud", comentó con sus lentes oscuros y gorrita de entrenamiento en la mano. Ella es la persona de mayor edad que participa del programa. Y es muy coqueta, sólo se la ve sin maquillaje cuando va a hacer deporte. Acude a dos plazas a ejercitarse para poder entrenar 3 días en cada una. Sólo le quedan libres los domingos. Por desconfianza a los hombres, María se casó a los 71 años y enviudó a los 76. Y el empeño que le pone a todo la convierte en un verdadero símbolo del Día Internacional de la Mujer, que se conmemora hoy.

La deportista vive sola y eso la aburre. Pero encontró hace 6 años una buena forma de evitar la soledad y derrochar un poco de energía, que tiene de sobra. De lunes a sábado participa de actividades deportivas en las Pistas de la Salud. Tres días se ejercita en la plaza de Trinidad y los otros tres en la del Barrio Municipal. Lo hace de ese modo porque sólo dan 3 clases semanales en cada pista. "Me queda el domingo libre, pero si ese día hubiera clases también iría", señaló casi como pidiendo que fuera así.

Siempre fue activa y estuvo llena de energía. Cuando era joven, tenía como hobbie andar en bicicleta. "Me hubiera gustado correr carreras, pero nunca se dio la oportunidad", contó. Y la costumbre le quedó: hace las compras montada en su bici de paseo y la infla ella misma sin ayuda de nadie.

Su relación con el sexo opuesto no fue buena, siempre desconfió. "Yo tuve mi primer novio a los 30 años. Fue el único que me pareció que quería algo serio, pero después de un año de relación, sin decir adiós, se fue a Córdoba", dijo María mirando el piso. Este suceso la marcó y desde entonces puso pero tras pero cuando un hombre se le acercaba para establecer una relación. "No estoy arrepentida de no haber tenido hijos", reveló la mujer. María recién se casó a los 71 años con un hombre "muy amable", pero enviudó a los 76. Su marido era 17 años mayor que ella.

Desde el año de su viudez va a las Pistas de la Salud, donde hizo gran cantidad de amigas. "Somos unas 30 en total y nos juntamos en cada cumpleaños", dijo.

A María, el deporte y una vida sana le quitaron años. "Me encanta hacer deporte, al terminar me siento livianita y creo que eso me ayuda a no enfermarme", dijo y agregó entre carcajadas que "no me siento como si tuviera 82, no creo que llegue a los 60". La mujer creció con alimentos naturales. Su familia se dedicaba a la agricultura y tenía sus tierras en Media Agua. Allá disponía de diversos frutos como duraznos, ciruelas, uvas, sandías, melones, nueces. Y si el menú del día era carne, provenía de cría propia: tenían terneras, cerdos, chivatos, cabras, conejos. La leche la daban sus vacas y la miel la obtenían de panales que poseían en sus terrenos. Recién a los 27 años, María consumió pan elaborado en panadería.

Ahora, viviendo en Capital, la mujer no consume en exceso sal ni azúcar. Come poco de noche para dormir bien, no consume fritos y toma mucha agua para no deshidratarse. Además, todos los días se levanta a las 7 de la mañana y duerme una hora de siesta. Comentó que nunca tuvo una enfermedad grave y jamás fue operada. Y que sus padres, tras una vida sin excesos como la suya, fallecieron con más de 90 años.