El chileno Rodolfo Saragoni es especialista en ingeniería sísmica. Llegó a San Juan, a 25 días del terremoto de Illapel, para disertar en el Congreso Nacional de Estudiantes de Ingeniería Civil, que se desarrolló en la provincia. En una entrevista con DIARIO DE CUYO contó que tiene un vínculo muy estrecho con San Juan y que sabe que la provincia está muy bien preparada estructuralmente para resistir un terremoto. Sin embargo, dijo que los sanjuaninos están con la guardia baja porque hace mucho tiempo que no se sufre un sismo de gran intensidad como en Chile.

– ¿Cómo es su relación con San Juan?

-Tengo una relación muy estrecha. Nació en 1974, cuando se creó el Inpres y a los tres años después, cuando fue el terremoto de Caucete vinimos en una misión de la Universidad de Chile a ver los daños del terremoto. Desde ahí trabajamos mucho con San Juan, por eso conozco a las autoridades del Inpres y sé cómo trabajan.

– ¿Cómo considera que está la provincia para enfrentar un terremoto?

-San Juan tiene una forma edilicia bastante estricta. La provincia tiene buenas normas sísmicas, pero tiene la guardia baja. Hay una buena preocupación y las normas son muy buenas. Sumado a eso, hay especialistas muy destacados, sobre todo al hablar de hormigón armado. La memoria del terremoto del 44 está reflejada en la normativa. La reglamentación del Inpres dicen qué pasó en ese terremoto y remarca que no quieren que se repita. Esas normas son las que regulan cómo se tiene que construir, pero lo que sucede a nivel mundial, y San Juan no está ajeno, es que hay buenas reglamentaciones, pero el cumplimiento no es del todo bueno.

– ¿Qué tiene que mejorar la provincia?

-Me preocupó que en San Juan está la idea de que en Chile los terremotos son más frecuentes y que por eso tienen las defensas más bajas. Pero no se tiene en cuenta que en Argentina han muerto más personas por terremoto que en Chile. Además, acá en San Juan tienen terremotos muy destructivos. Deben tener en cuenta que si bien no tienen terremotos frecuentes, cada vez que hay un sismo fuerte en Chile, algo pasa en San Juan.

-¿Es necesario que se actualicen normas?

-No, pero en San Juan los terremotos siempre fueron en fallas que están muy superficiales, cortos y muy dañinos. Es decir, que lo que trato de transmitir es que además deben mejorar y determinar donde están las fallas que pueden causar tanto desastre.

– Es decir que ¿falta investigación al respecto?

-La norma está bien, pero existen estas fallas superficiales, que yo llamo gigantes escondidos, que se pueden activar en periodos muy distantes y por lo que es posible que nadie las conozca, porque no fueron estudiados recientemente. En Japón sucedió. El último terremoto, antes del de 2011, era prehispánico y no se sabía qué podía pasar. Se consideró que el terremoto más grande podía ser de grado 8 y a los días ocurrió uno de 9. Y eso demuestra las limitaciones que tiene esta disciplina.

-Tras el terremoto de Chile, en San Juan se habló mucho de la cartelería en la vía pública, postes de luz y el cableado, si eran o no seguro. ¿Qué opina de eso?

-Tienen que tomar medidas y deberían reverse los protocolos de la ciudad. A esos elementos los llamamos no estructurales porque no son el edificio. En Chile tras el terremoto de 2010 vimos que muchos seguros se pagaron por ese tipo de cosas. Tras eso se decidió hacer una norma aparte. Ahora hay normas para ascensores, electricidad y puentes, entre otros. Porque son distintos profesionales los que trabajan en eso y ellos tienen que saber que tienen normas que cumplir, para la seguridad y San Juan tiene que tender a eso mismo.

-Tras un informe de este medio salió a la luz que los hospitales son seguros, pero no tienen protocolos ¿Eso ocurre en Chile?

-Lo último que debiera fallar son los hospitales, y en Coquimbo el hospital que es nuevo, tuvo un montón de problemas. Porque no se cumplieron los protocolos.

La Salud de Sudamérica tiene muchas falencias diarias y el tema sísmico no tiene una prioridad tan alta dentro de todos los problemas que tienen. Tienen otras contingencias más cotidianas y más urgentes. Puede que el edificio quede en pie, pero que el quirófano no esté funcionando. Eso la comunidad no lo acepta, ahora tenemos que hacer que todo funcione. Y esto no sólo pasa en San Juan.

-¿Y qué se hace para que todo funcione a la perfección?

-Antes estábamos muy preocupados de que los edificios fueran muy seguros y que si tenía daños no colapsara para proteger las vidas. Eso ahora para la comunidad no es suficiente. Ahora la gente quiere que el transporte, las escuelas y los hospitales sigan funcionando tras un terremoto. Es un cambio de paradigma. Por eso estamos organizando un congreso mundial en Santiago para el 2017 y creemos que van a llegar unos 4.000 especialistas de todo el mundo, porque ese es el gran tema. La resiliencia de la ciudad. En Chile se demostró que estamos cerca de eso, pero cada terremoto es un nuevo desafío. El terremoto de Illapel nos permitió comprobar que la alarma de tsunami por celular funcionó a la perfección y además no cayeron antenas porque se cambió la normativa y se las hizo más robustas.

-Y acá se estuvo casi 2 horas sin comunicación. Lo único que funcionó fue whatsapp.

-En Chile pasó lo mismo en 2010. Se produjo saturación de las líneas, cayeron muchas atenas y no existía el whatsapp. Entonces se decidió rever ese problema, porque hay 10 minutos para evacuar tras el terremoto. La autoridad no tiene mucho tiempo para avisar y esta vez todo funcionó a la perfección. Vía GPS las compañías les avisaron a los clientes que estaban en el borde costero sobre el peligro de tsunami y en pocos minutos se evacuó 1.000.000 de personas. De hecho mi hija se evacuó porque estaba surfeando en la playa. Nosotros aprendimos mucho después de cada terremoto. Como en San Juan son periodos tan largos entre uno y otro no hay que perder la memoria.

-Usted habló de las deficiencias de esta disciplina. ¿A qué se refiere?

-Nosotros ensayamos las estructuras sin la gente adentro para ver si son resistentes, pero ahora la sociedad pide que funcione todo bien. A nosotros nos pasó que los edificios no se cayeron, pero las puertas se trabaron. Ahora la gente exige más. Todas las normas del mundo dicen que el terremoto puede dañar un edificio pero no colapsarlo para proteger las vidas, pero actualmente la gente no quiere que su casa se dañe.