En su auto hay discos compactos de folclore, clásico y rock. Le gusta caminar, ver programas periodísticos y, casi como si estuviera esperando que algo se dañara, Jorge Lozano tiene siempre a mano una caja de herramientas para hacer reparaciones, especialmente si se tratan de cuestiones eléctricas. Dicen que es un hombre sencillo, por eso se llevaba tan bien con su tocayo Jorge, el Bergoglio argentino que llegó a ser Sumo Pontífice. Lozano será el nuevo arzobispo de San Juan desde 2017 y el mes que viene llegará para asumir un rol de transición, que se llama arzobispo coadjutor. Mientras, Lozano habló con DIARIO DE CUYO y dio sus primeras impresiones tras ser nombrado por el papa Francisco, con quien trabajó codo a codo durante 6 años y a quien admira.
-¿Cuándo se muda a San Juan?
-A fines de octubre y llego para quedarme. Antes debo resolver tareas pendientes en la Pastoral Social, pero luego sí ya me instalo en San Juan.
-Su primer destino como obispo fue con Bergoglio, ¿cómo fue esa tarea?
-Maravillosa. Estuve desde marzo de 2000 a marzo de 2006 como obispo auxiliar de Buenos Aires, colaborando con el cardenal Bergoglio. Fueron seis años muy enriquecedores.
-¿Qué le dejaron esos 6 años?
-Me quedó una experiencia hermosa, de trabajo en común, de estilo pastoral. Él (por Bergoglio) tiene algo muy valioso y que salta a la vista, su amor por Jesús y su amor por los pobres y los que sufren.
-Monseñor Delgado pertenece al Opus Dei, ¿qué corriente sigue usted, de quién tiene influencia?
-Estuve muy influenciado por la tarea pastoral del cardenal Bergoglio y me ha significado una fuente de inspiración muy linda. Me hizo mucho bien su presencia y su tarea. Después, me gusta leer cuestiones que van escribiendo otros obispos, pero no tengo una corriente definida o algún movimiento particular al que pertenezca.
-¿Qué pudo hablar con Delgado por la causa que lleva adelante la Justicia?
-Él me ha puesto al tanto del tema y quedamos en seguir conversando cuando me mude a San Juan. Hasta tanto yo no esté instalado y tenga más información me es difícil desde Gualeguaychú poder hacer una ponderación de la situación.
-¿Conoce San Juan?
-Sí, fui en dos oportunidades. Primero fue en mi época de seminarista, por un amigo que tenía un familiar en San Juan y fuimos a pasar unos días de descanso. Y después viajé a realizar un retiro espiritual en Caucete, ya como sacerdote.
-¿Cómo desea que lo vea la comunidad católica de la provincia?
-Como un pastor cercano, quiero que me vean como un amigo que quiere acompañar el camino de la fe. Quiero servir a todos para que podamos crecer en la amistad y construir una patria más fraterna.
-¿Tiene algo particular pensado para este nuevo destino?
-Mi modo de ser, y tal como lo hice cuando llegué a Gualeguaychú hace 10 años, es no llegar con un plan predeterminado sino ir con la de idea de acompañar, de ver el camino que se estaba haciendo, descubrir cuáles son las riquezas espirituales de la comunidad y alentarlas.
-¿Cómo se lleva con la política y los políticos?
-Muy bien. Especialmente en el rol de presidente de la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina tengo reuniones frecuentes con funcionarios de distintos partidos políticos y de dirigentes de diferentes sindicatos y es un terreno en el que me siento cómodo.
-¿Conoce a funcionarios del Gobierno de San Juan?
-No, no los conozco aún. A quien sí vi un par de veces e intercambiamos algún diálogo fue al exgobernador Gioja.
-¿Es devoto de algún santo o alguna advocación de la Virgen?
-De la Virgen de Luján, todo lo que tiene que ver con ella me ha atraído desde joven. Y después sigo las enseñanzas de los Papas, como Pablo VI y Juan Pablo II.
