En septiembre de 1997, un hecho sin precedentes en el país sacudía a los sanjuaninos. Una joven de 19 años era sometida a una cesárea por un embarazo que no existió, originando una investigación por presunta mala praxis que incluyó a médicos y directivos del sanatorio en el que fue atendida.

Todo comenzó cuando la chica dejó de menstruar. A los cuatro meses, su vientre y senos se hincharon, por lo que se vio obligada a su familia. De inmediato comenzó a ser asistida por ginecólogos y ecografistas que confirmaron su estado, pero al cabo de nueve meses, cuando llegó el momento de dar a luz, se enteró de la peor manera que se trataba de un embarazo psicológico. Según los relatos de la época y su propio testimonio, los médicos que le indicaron que estaba esperando una nena y hasta que podía venir ‘de nalgas’.

Por este motivo decidieron practicarle una cesárea. Grande fue la sorpresa cuando al cabo de esa operación el cirujano no halló absolutamente ningún rastro de vida uterina en el vientre de la joven. Sorprendido e indignado, el padre de la chica decidió realizar una denuncia penal contra los médicos y el Sanatorio Rawson.

El embarazo

Claudia supuso que había quedado embarazada en diciembre del 96, cuando no bajó su período. La muchacha trabajaba como empleada doméstica y en principio decidió no comentarles nada a sus padres. Sin embargo, los cambios en su cuerpo hicieron que no pudiera ocultar más la situación. Cuando habló, sus progenitores le dijeron que se acercara hasta el nosocomio para realizarle los estudios confirmatorios. Según dijo, el test que le realizaron arrojó resultado positivo.

A los siete meses la mujer tenía nauseas, vómitos, mareos y hasta decía sentir los movimientos del bebé. En paralelo, y a la espera del nuevo integrante, la familia comenzó a juntar pañales, ropa, mamaderas, un moisés y prendas tejidas por la abuela.

Cuando comenzaron las contracciones, Claudia se acercó al Sanatorio Rawson pero le recetaron medicamentos y le solicitaron que regresara al día siguiente.

La cesárea

Un médico que estaba en la guardia la atendió al otro día. Este profesional no detectó ningún signo que le hiciera suponer que había vida dentro del vientre de la chica, por lo que le indicó una ecografía de urgencia. El profesional que la revisó confirmó que no había signos vitales, asegurando además que la criatura llevaría varios días fallecida.

Primero la internaron y comenzaron a suministrarle fármacos para que pudiera ‘expulsar’ el feto por medio de un parto normal, pero al notar que no dilataba decidieron someterla a una cesárea, en la que los médicos no hallaron absolutamente nada.

El cirujano llamó al padre de Claudia para contarle que no existía un bebé y hasta le mostró los órganos de su hija para demostrarle que nunca había estado embarazada. La noticia sacudió con fuerza al sanatorio y comenzó a expandirse rápidamente en la provincia. Nadie entendía cómo podía ser posible que habiendo sido atendida por varios profesionales que le confirmaron una y otra vez el embarazo, hubiese sido sometida a una operación para extraerle un bebé que nunca existió.

¿Cambio de ecografías?

El hallazgo de una testigo clave parecía poner un poco de claridad en un por demás complejo caso. Es que comenzaba a fortalecerse la teoría de que habría existido al menos una adulteración de ecografías. Es que la prima del novio de Claudia apareció en escena. Embarazada de 9 meses y a punto de parir, aseguró que los primeros estudios presentados por la joven en realidad eran suyos.

A esto se le sumó que uno de los doctores que la atendió declaró en la policía que le solicitó varios estudios que la muchacha nunca se hizo. El proceso investigativo comenzaba la etapa de recolección de pruebas que tenía dos aristas: determinar la culpabilidad de los profesionales que la operaron y saber si la joven había tenido un embarazo psicológico o se trataba de una farsa. El juez que intervino en la causa consideraba que había algo evidente y es que hubo mala praxis, verificada con la existencia de una herida en el vientre de la mujer que jamás debió hacerse.

En cierto punto llegó a ser el testimonio de la chica contra todos. Los médicos comenzaron a negar haberle realizado estudios, ecografías y demás análisis, mientras ella juraba que había sido atendida por todos y cada uno, dando nombres e incluso fechas. Además, desde el laboratorio en el que le realizaron el test aseguraron que el resultado había sido negativo.

El testimonio de la testigo

Nancy, la mujer que aseguraba que la primera ecografía era suya.

"Cuando en el sanatorio dijeron ‘pase Claudia’, pasé yo porque me había dicho que me hiciera pasar por ella para poder hacerme una ecografía con una orden de obra social que le sobraba", comentó Nancy, quien sí estaba embarazada. Supuestamente se trataba de un favor evitarle un gran costo médico que no estaba en condiciones de afrontar. Lo cierto es que según su relato, Claudia se quedó con los papeles y nunca más volvieron a verse.

En ese momento, los investigadores comenzaron a sospechar cada vez de manera más certera que Claudia había inventado parte de esta confusa historia, aunque tanto ella como sus familiares lo negaron siempre.

Pericias psicológicas

Días después de la operación, Claudia fue sometida a pericias psicológicas. "El estado mental de la joven de 19 años sometida a una cesárea para sacarle un feto muerto de 9 meses que nunca estuvo en su vientre es normal", se informaba en ese momento. De esta manera quedó demostrado que no tenía trastornos mentales.

El clima que ya era extraño se volvió más turbio aún después que la psiquiatra que llevó adelante las pericias denunciara que fue amenazada de muerte para cambiar el resultado. La profesional le dijo a la policía que dos sujetos la amenazaron con hacerle daño a ella o a su familia si no cambiaba el resultado de los análisis que habían arrojado que la chica no registraba trastornos psicológicos.

 

La causa culminó con una serie de sumarios administrativos a profesionales que operaron a una mujer sin razón alguna y una duda eterna: ¿embarazo psicológico o fraude?