Ese papel áspero y amarillento lleva 27 años en el mismo rincón: la planta alta del viejo edificio de la Legislatura Provincial. Yace junto a olvidadas urnas de madera y boletas de diferentes actos eleccionarios provinciales, fundidos en el desorden, el polvo y la historia misma. Simbólica, por cierto, la marca de una suela de zapato sobre la papeleta. Signo de olvido y memoria corta. Hace poco menos de tres décadas los sanjuaninos -en tanto que argentinos- tuvieron la posibilidad de votar en una consulta popular parecida a la que vendrá el próximo 8 de mayo.

Pese a la tremenda diferencia entre lo que se preguntó en aquella oportunidad, la similitud con la cita 2011 está dada por la respuesta encasillada en el SÍ o el NO. Lo atestigua el documento rescatado. El borde carcomido no afectó el Escudo Nacional en blanco y negro, arriba de la leyenda "Consulta al Pueblo Argentino – Diferendo Austral Zona Canal de Beagle". Fue depositado en alguna de las urnas el 25 de noviembre de 1984, cuando el entonces presidente Raúl Alfonsín recurrió al plebiscito no obligatorio y no vinculante para aceptar o rechazar el Tratado de Paz y Amistad con Chile, previa mediación de la Santa Sede.

Pese a no ser obligatoria, la votación tuvo un 56 por ciento de concurrencia. Y el resultado fue contundente: 82 por ciento a favor, sólo el 16 por ciento en contra y el 2 por ciento en blanco o nulos. El Congreso Nacional siguió el mandato popular, aunque la compulsa no era vinculante. El resto es historia conocida. Algunos dicen que Argentina perdió. Otros aún celebran no haber llegado al enfrentamiento armado con Chile. En todo caso, fue la gente quien decidió. Casi 30 años después continúan los esfuerzos por la integración binacional; en el caso de San Juan, a través del Paso de Agua Negra.

El simple ejercicio de memoria tal vez sirva para apoyar la idea de que el elector decida. Aún cuando no sea obligatorio, como ocurrió en 1984. Aún cuando lo que esté en juego sea la paz, el territorio, la soberanía y la integración; o la alternancia en el poder. Que el elector decida libremente, sin presiones.

A veces, vale la pena desempolvar viejos papeles ásperos y amarillentos.