Nina Cepeda no paraba ayer en la mañana de dar órdenes y de pedirle a la gente que estaba cargando el camión con sus pertenencias que tuvieran cuidado, porque las cosas se podían romper. Hiperactiva y locuaz, la mujer contó que fue pionera en radicarse en lo que con el paso de los años se convirtió en las Villa Las Heras. “Llegamos con mi hija Erica, su hermano y sus dos niños y lo primero que ocupamos fue un pequeño galpón que había pertenecido al ferrocarril”, contó la mujer, mientras supervisaba con la mirada que ninguno de sus muebles se fuera a romper.

Dijo que lleva 26 años en el asentamiento y reconoció que cuando llegó con su hija, “usurparon” el galpón, pero con el paso de los años construyeron una vivienda de materiales.

“Es algo muy bello, muy lindo, no hay palabras para describir lo que uno siente”, dijo la mujer.

Agregó que “siempre hemos vivido con el miedo de que nos fueran a correr del lugar y de que nos pudiéramos quedar sin nada, pero ahora eso ya pasó porque vamos a contar con nuestra propia casa”.

Las vecinas de la villa la eligieron como delegada barrial y su papel fue clave cuando desde el IPV decidieron incluir el asentamiento para trasladarlos al nuevo centro habitacional. Hubo varias reuniones y después vino el papel de las asistentes sociales de verificar que no hubiera “avidadas” y que algún vecino llegara a último momento y se quisiera colar en la lista.

Nina relató que lleva 30 años inscripta en las listas para acceder a una vivienda y cuando ya casi había perdido las esperanzas, la sorprendió la buena noticia. “Estoy muy feliz, contenta, no tengo palabras para agradecer esto que me está pasando”, dijo la mujer, que tenía en sus brazos a su mascota Teo, un perro caniche del que no se separa en ningún momento.

Apenas finalizada la tarea del traslado, las topadoras procedieron a voltear las precarias construcciones.