El panorama no escatimó magnitud para su llegada: enjambre de periodistas, maremoto policial, populosa estampa de frenesí y siestera guardia vecinal (enardecida de ansias desde las 14 horas). Es que ayer en el departamento Chimbas, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner inauguró el colegio Manuel Alvar López y generó una atmósfera plagada de fanatismo local y de envergadura sideral.
De impecable tapado marfil, collar de perlas y delicado make up, la mandataria descendió de su helicóptero a las 16.50 (aterrizó en el camping del IPV) y estuvo acompañada por su marido Néstor Kirchner, el gobernador José Luis Gioja y un séquito de funcionarios. "¡Ahí viene!" "¡Mirala!", "¡Sí, es ella!", dijeron los fans chimberos ni bien la detectaron desde lejos.
Tras subir a la van gris que la aguardó, CFK alertó inmediatamente ese alboroto aledaño y no escatimó gratitud ni sorpresa. Sucede que el breve trayecto hasta llegar a la escuela presentó una postal de muchedumbre fervorosa que incluyó: un abrupto stop para recibir de la mano de Fátima (la abanderada de la agrupación piquetera Virgen de Fátima) una canastita de vino tinto casero, una bandera argentina de 80 metros creada especialmente para recibirla (ofició de guardarrail humano sobre la calle Juan Antonio Greco), gritos desesperados de alegría y numerosas familias impacientes por saludarla y tocarla.
¿Cómo reaccionó? Súper amable y afectuosa como su marido, el ex presidente Néstor Kirchner (aunque ella más lady y no tan descontracturada como él). De hecho, fue ella misma quien pidió que "espere" el chofer de la combi para poder agradecer tanta efusividad. Pero la emoción no fue vespertina. Los vernáculos de Chimbas (sobre todo ellas) hacía rato que esperaban ese momento "para saber si ella es como se la ve en la tele".
"Queremos saber si es agradable como parece. Yo creo que sí lo es, porque nos tiene que querer como nosotros la queremos a ella. La presidenta nos tiene que proteger", había dicho Patricia, una de las tantas señoras que no se perdieron el día D y elogiaron su elegante look.
"Todas queremos estar bien arregladas como ella", tiró Sonia, otra de las tantas autodenominadas Chicas K, mientras otro sector marcaba contraste, ya que hubo varias pancartas de protesta de algunos sectores gremiales que se mecharon con las de idolatría. Pero luego del corte de cinta oficial, la tarde en el interior del SUM del flamante colegio (donde impartieron su discurso) presentó un cúmulo de variedad. Desde entrega de viviendas, teleconferencia con toda la provincia, presencia de diversas autoridades, agrupaciones con pancartas, alumnos y docentes del colegio y hasta muñecos de Barney y Mickey. Y claro, una salida tan agitada como su arribo: llena de clamor localista y aborrotada de entusiasmo.

