‘Hoy hay que unirse, sería una muy buena manera de honrarlo‘. La frase es de Laura Adámoli, la esposa del fallecido Leopoldo Alfredo Bravo, y la pronunció ayer, en el acto que se celebró en la sede bloquista para recordar al líder partidario a un año de su partida. El pedido se convirtió en el factor común de una emotiva ceremonia que concentró a cientos de amigos, familiares, militantes y extrapartidarios que llegaron para ser testigos de una muestra fotográfica que le rinde tributo al ex embajador en Rusia en una síntesis de su larga y rica carrera política.
Laura fue la última en hablar y, entre lágrimas, sus palabras se concentraron en destacar ‘el profundo amor que Leo (así le decía a Leopoldo) le tenía al Partido Bloquista‘. Como si fuera ayer, recordó cuando en la década del ‘80 ‘me llevaba a hacer pintadas y se peleaba con los radicales y los justicialistas… eran peleas de jóvenes‘.
‘Era convocante, tenía un imán, ojalá que ese imán se lo haya transmitido a alguien del partido o a alguien de la familia‘ dijo sin poder contener el llanto Laura, para agregar: ‘Hoy hay que unirse, sería una muy buena manera de honrarlo‘. Fue en alusión a la situación de divisiones que vive el bloquismo desde que ató su alianza con el PJ, con el que viene compartiendo sociedad en el Frente para la Victoria.
Minutos antes, Caselles había pedido lo mismo. Aseguró que la unidad partidaria sería ‘un sentimiento de gratitud hacia Leopoldo, es lo que nos pidió‘. El secretario personal de Polo, Raúl Sánchez, quebrado, abrió el homenaje diciendo que ‘quería a todos, no le importaba los colorcitos de piel‘.
El homenaje sirvió para dejar de lado, al menos temporalmente, los quiebres que dejó el alineamiento partidario. Entre otros, estuvieron también el presidente de la Convención bloquista, Augusto Rago; el diputado Edgardo Sancassani, el ex ministro Eduardo Baliña, Héctor Pezzé, Enrique Conti, Alejandro Bravo, Fernando Bravo y el actual intendente Mauro Marinero. También asistió el líder de Actuar, Rodolfo Colombo.
Laura llegó acompañada por sus tres hijos mayores, Catalina, Sofía y Leopoldo Hugo. Nicolás, el más pequeño, de 13 años, ‘pidió no venir‘, dijo acongojada. ‘Nico‘ era el regalón de Polo. ‘Cuando llegaba de la escuela en Rusia, lo primero que hacía era ir a la oficina de él, abría intempestivamente la puerta y se le tiraba encima, no importaba si había algún embajador‘, contó la compañera de Leopoldo.
En el final, la familia de Polo y las autoridades del bloquismo descubrieron la muestra fotográfica. Esa que lo inmortaliza en sus encuentros con encumbrados dirigentes de la política provincial, nacional e internacional.

