Con su inconfundible tonada trasandina, un periodista de la CNN Chile le explicaba el uso de su notebook a un fotógrafo de DIARIO DE CUYO. Al lado, dos chicas discutían con su acento boliviano el título que debían ponerle a la nota sobre el agasajo a Evo Morales. Muy cerca de allí, adentro de un box, tres reporteros de Venezuela hablaban en voz baja sobre su trabajo. Y con tantos tonos sudamericanos distintos, la sala de Prensa de la cumbre, ubicada en la planta baja de Centro Cívico, se convertía ayer en la representación a escala de la integración regional que plantea el Mercosur.

El cruce de acentos se daba tanto en las líneas de computadoras con Internet, donde los trabajadores de los medios se turnaban para escribir o enviar sus notas, como en la mesa donde estaba el café. Y también era fácil de percibir debajo de las decenas de plasmas ubicados en distintas columnas del recinto, donde se podía ver imágenes en directo del aeropuerto Domingo Faustino Sarmiento, de la recepción de presidentes y de la reunión en el salón Cruce de Los Andes.

Con tantos trabajadores acostumbrados a poner la vista sobre los demás, no faltaron aquellos que se convirtieron en objeto de atención, al borde del estrellato. Quien lideró ese podio fue Pablo Camaití, notero de CQC, con quien periodistas de todo el país (en especial los sanjuaninos) se sacaban fotos y le hacían entrevistas. El hombre de los lentes oscuros se prestó para cada miniexplosión de cholulismo con toda amabilidad. Aún cuando acababa de llegar de casi dos horas de frío hiriente bajo el puente de Circunvalación y Central, desde donde se fue caminando hasta el Centro Cívico.

Otro de los que terminaron ubicados en el podio del estrellato fue Edgardo Esteban, corresponsal de la cadena latinoamericana Telesur. Esteban es famoso en Argentina por ser el excombatiente de Malvinas que escribió un libro sobre la guerra en las islas, sobre el que se basó la película Iluminados por el Fuego, de Tristán Bauer. Ayer el hombre hizo sus transmisiones para televisión en un set casi hollywoodense, con sombrillas de iluminación y las promotoras de Turismo de San Juan haciendo de telón vivo de fondo. Además, Esteban lució tres vestuarios el mismo día: campera de polar para el interior, sacón impermeable para el exterior y traje oscuro para las cámaras.

También fueron muy solicitados para las entrevistas entre colegas los periodistas de los medios venezolanos VTV, RNV y AVN. Todos los buscaban para que se explayaran sobre la política de Hugo Chávez en relación con los medios de comunicación. Pero los interesados volvían del box de los venezolanos con la cara larga: según contaban, la única respuesta era que no tenían permiso para dar entrevistas (y, aparentemente, mucho menos sobre esos temas).

Dado que el presidente Lula Da Silva era la figura indiscutida de la Cumbre, los periodistas brasileños también fueron buscados para responder preguntas. Dos de ellos estaban ubicados estratégicamente debajo de uno de los plasmas, con sus computadoras desplegadas y un aparato Sony de edición de video de última generación, con lo que enviaban materiales ya listos para ser difundidos por la televisión brasileña. Su medio castellano no fue impedimento para comunicarse con todo el mundo y cambiar opiniones sobre el Código Aduanero del Mercosur.

En la intimidad de la sala de Prensa empezaron a circular entonces los datos de trastienda. Por ejemplo, cómo un fotógrafo sanjuanino había logrado entrar casi de incógnito en el Del Bono Park, y hasta recorrió un poco el interior del hotel en busca de los presidentes, hasta que llegaron dos patrulleros con policías que lo sacaron en cuestión de segundos. O cómo un periodista de esta provincia había entrado el lunes a la escuela Alvar López con la comitiva oficial de Cristina Fernández, aprovechando que lo habían confundido con un custodio.

En medio de todo el revoloteo periodístico, el lugar que jamás tuvo descanso fue la mesa del café. Por allí pasaron también el jugo, el agua mineral, las masas y las medialunas. Más tarde, lo que circulaba eran pequeñas cazuelas con guiso de lentejas, empanadas y sánguches de miga. Eran el acompañamiento más bienvenido en los momentos de distensión, en los que los trabajadores de los medios aprovechaban para sacarse fotos con las promotoras que lucían el poncho sanjuanino, tomar mate, sentarse a tejer o, tal como sucedió con un caso que muchos retrataron, dormir un rato en los confortables sillones del hall.