‘Soy inocente y nunca he intervenido en los hechos investigados en este juicio‘, dijo ayer Horacio Nieto, uno de los cinco acusados en el megajuicio por delitos de lesa humanidad cometidos en la provincia, que se reanudó después del receso de enero de la Justicia.
La declaración no estaba prevista, pero su abogado defensor, Eduardo San Emeterio, dijo que su defendido quería hablar, dado que no lo había hecho hasta ahora.
‘Rechazo por infundados y no ser veraces los delitos que se me imputan‘, dijo Nieto y agregó que ‘no se ha probado en manera alguna mi responsabilidad en las causas investigadas‘.
Nieto está vinculado a este juicio por la llamada causa Erize, la joven francesa que era modelo y que incluso llegó a ser tapa de revistas de moda, que fue detenida en la puerta de una bicicletería en la zona de Trinidad por un grupo de fuerzas de seguridad. Después desapareció y nunca más se supo de ella. En esa causa también está la muerte de Daniel Russo, un militante de Montoneros, que al igual que Erize, murió luego de ser herido por las fuerzas de seguridad cuando fue a buscar la bicicleta de Erize.
Nieto llegó a San Juan, luego de haber sido el segundo jefe de la INTERPOL, la organización internacional de policía criminal, el 18 de mayo de 1976, para hacerse cargo de la jefatura de la delegación local de la Policía Federal. Fue porque un día antes del golpe, el 23 de marzo del ‘76, el comisario Ernesto Pateta, que estaba a cargo de la fuerza, fue atacado a balazos en su vehículo y murió como consecuencia de un disparo.
Nieto, quien en esta etapa del juicio no está obligado a decir la verdad, expresó que ‘nunca recibí o transmití órdenes del personal de las Fuerzas Armadas‘ y también aclaró que ‘nunca tuve un detenido en los calabozos de la Policía Federal‘.
Sobre la única prueba que lo vincula a la muerte de Russo, un acta de las fuerzas de seguridad en la que aparece su nombre, dijo que ‘esa acta fue un papel falso labrado para desviar responsabilidades‘.
‘Fui un funcionario apegado a las normas jurídicas‘, sostuvo y para finalizar su testimonio sostuvo que había ‘perdido mi honra por una acusación injusta‘.
Luego de responder a las preguntas de la Fiscalía, en la que repitió su inocencia, se negó a responder a la requisitoria de la parte querellante. Eso le valió que el abogado querellante, Roberto Scherbosky, calificara su actitud como la de un ‘cobarde‘.
La primera audiencia de esta nueva etapa del juicio había comenzado con la declaración testimonial del ex decano de la Facultad de Ingeniería durante los años ‘73 y ‘74, Carlos Graffigna. El docente dijo que esa unidad académica había ‘quienes se dedicaban a hacer inteligencia‘ y que también había ‘infiltrados‘ entre los estudiantes. Y mencionó que era ‘sospechoso‘ un grupo de entre 18 y 20 alumnos que se inscribían, pero después no cursaban ninguna materia.
Graffigna incluso estuvo detenido unas horas por el ministro de Gobierno del gobierno militar de la provincia, Jorge Pérez Ruedi, sospechado de haber autorizado que una movilidad de la facultad ingresara armas a la provincia para los montoneros. Pero cuando se aclaró el hecho lo dejaron libre. Las audiencias de este juicio oral y público continuarán hoy, a partir de las 9.

