Nacido en una familia de empresarios propietaria de una cadena de electrodomésticos, Scioli trabajó en la década de 1990 como ejecutivo de Electrolux y recién en octubre de 2015 le dieron su título universitario como Licenciado en Comercialización.
Scioli llegó a la política en la década de 1997 de la mano del peronista neoliberal Carlos Menem, muy criticado por el matrimonio Kirchner. Después de ser diputado y vicepresidente, entre otros cargos, ha gobernado de forma ordenada Buenos Aires, la provincia más importante del país, en los últimos ocho años.
Muchos pensaron que la carrera política de Daniel Scioli estaba terminada en el 2003. A poco de asumir como vicepresidente de Néstor Kirchner, el entonces mandatario de Argentina le recortó todos sus poderes tras una pelea. Pero Scioli, a quien varios lo reconocen como una persona estoica, siguió en el cargo y soportó embates de un peronismo oficialista que no lo quería por su cercanía al mundo empresarial aunque lo necesitaba por su popularidad.
Desde el 2007, la sucesora y esposa de Kirchner, Cristina Fernández, llegó a ignorarlo, criticarlo y desdeñarlo públicamente, pero eso no desairó al persistente Scioli, que ya como gobernador estaba convencido de que su único camino a la presidencia era dentro de la centroizquierda oficialista. Pero luego, sin herederos a la vista, Fernández se vio obligada a respaldar a Scioli, el único candidato capaz de asegurar el triunfo del Frente para la Victoria gobernante.
Scioli, de 58 años, sólo tuvo que apelar a su conocida paciencia y tenacidad. "Toda su vida fue una forma de prepararlo para asumir la responsabilidad de conducir un país", dijo a la agencia de noticias Reuters Karina Rabolini, la pareja de Scioli desde hace 30 años y quien se convirtió en un arma estratégica de la campaña.
La declaración no es azarosa: Scioli, un excorredor de motonáutica, sufrió en 1989 un atroz accidente sobre su lancha que le costó el brazo derecho. Después de recuperarse, volvió a competir y se consagró de nuevo campeón mundial.
"Las cosas que le han pasado en la vida lo hicieron muy fuerte para enfrentar semejantes desafíos", añadió la exmodelo Rabolini. Scioli siempre ha mostrado un espíritu conciliador y disposición para hablar con todo el mundo. Si derrota al opositor de centroderecha Mauricio Macri en el balotaje de hoy, deberá recurrir a ese espíritu para lidiar con un Congreso dividido y una economía estancada por falta de inversiones y por el alza de costos que genera la alta inflación.
Cuando le consultan sobre su tenacidad, Scioli destaca que la ha adoptado del mundo del deporte, que tanto ama. "Es un carácter que yo me forjé en la adversidad", dijo recientemente en un programa de televisión.
Fanático del fútbol, construyó en la casa de campo que tiene en los suburbios de Buenos Aires una cancha de salón que está rodeada de estatuas de líderes mundiales como Mahatma Gandhi, Bill Clinton, "Lula" Da Silva, el "Che" Guevara y Juan Perón.
Muchos fines de semana Scioli disputa el exigente campeonato local con su equipo La Ñata, que usa una camiseta con el mismo color naranja de su campaña presidencial. Como juega solo en la delantera, y hace muchos de los goles de su club, el locutor que relata los partidos para el público lo llama "pichichi", como se les dice a los goleadores en España.
Debido a los cortocircuitos que ha tenido con la combativa presidenta Fernández, los expertos han especulado con la difícil relación que Scioli tendrá con la mandataria, que en diciembre abandonará el poder -ya que no podía postularse a una nueva reelección- con una alta imagen positiva.
Miembros del kirchnerismo consideran a Scioli un liberal que podría revisar algunas políticas del Gobierno, pese a que el candidato defiende ante los micrófonos medidas emblemáticas de Fernández como la estatización de la petrolera YPF o los subsidios sociales. La oposición, por otro lado, acusó a Scioli de ser un títere de Fernández.

