Una testigo escuchó que Daniel Russo, herido de muerte por la bala de un grupo de seguridad, “aullaba” de dolor, otra contó que vio cuando una vecina quiso acercarse al muchacho para llevarle agua porque estaba en muy mal estado pero no la dejaron y el hermano de la víctima relató que al joven le dispararon a las 11 de la mañana, pero recién a las 23 lo llevaron al Hospital Rawson para que recibiera atención médica. En la audiencia de ayer del megajuicio por delitos de lesa humanidad cometidos en San Juan durante la dictadura militar, se llevó adelante una inspección judicial ordenada por el Tribunal Oral Federal para reconstruir lo que pasó, en base a las palabras de los testigos de aquellos dolorosos hechos. Primero el secuestro de la joven María Ana Erize, quien intentó forcejear para escapar de las manos de sus captores y que fue la última vez que la vieron con vida. Y después la persecución y el balazo que le costó la vida a Russo, cuando fue a buscar una bicicleta que había dejado la muchacha para su reparación en la bicicletería que estaba en la esquina de Abraham Tapia y General Acha, en Trinidad.
La audiencia de la inspección comenzó con el testimonio de Martha Salva, quien describió cómo era la zona en aquella época, en octubre del ‘76, con mucho menos tránsito que ahora.
En esta causa los acusados por homicidio agravado son Jorge Olivera y Horacio Nieto. También hay dos prófugos, Eduardo Vic y Juan Carlos Coronel. Y en el caso de Luciano Benjamín Menéndez, fue apartado de la causa.
Después fue el turno de Domingo Palacio, quien vio a la joven Erize luchar con sus captores “tirada en el suelo y a los gritos”, pero igual la levantaron y se la llevaron en un auto, que no pudo identificar. Desde entonces nunca más se la vio con vida. Al otro día vio la camioneta que persiguió al joven Russo, quien después resultó herido.
Una testigo que nunca antes había declarado fue Laura Haro, que por aquellos años era una pequeña que vivía en la zona, y que vio a Russo tirado en la calle, en la esquina de Fray Mamerto Esquiú y General Acha, después de haber sido herido de un balazo por el grupo que lo perseguía. “Gritaba mucho, se quejaba”, contó la joven. Y a ella, una persona que no pudo identificar, le dijo: “Andate corriendo a tu casa y acá no viste nada”.
Otra vecina de la zona, Vicenta García Ripoll de López, pudo ver a la camioneta Rastrojero, que cargaba en la caja al joven herido, tirado boca arriba, que gemía y se quejaba. Pero una custodia de hombres armados, que nadie pudo identificar si pertenecían a la Policía o al Ejército, impedía que cualquier persona se pudiera acercar a darle auxilio.

