Hilda Molina preparó ansiosa la valija en su humilde casa. Luego, ya en el aeropuerto José Martí de La Habana, mostró para las cámaras una remera azul con la leyenda "Argentina" y lloró cuando se despidió de un viejo amigo que fue acompañarla. Estas escenas fueron parte de la partida de la médica cubana rumbo a Buenos Aires ayer para reencontrarse hoy con su familia después que el viernes el Gobierno de Raúl Castro le levantara el veto de 15 años para salir de la Isla. Mientras, aquí su hijo, Roberto Quiñones, no paraba de agradecer a Cristina Fernández por las gestiones diplomáticas que harán realidad el sueño del reencuentro hoy en a madrugada.

Ayer, la Presidencia recibió en la Quinta de Olivos a la familia Quiñones para intercambiar saludos y emociones.

En la Argentina residen la madre de Molina, Hilda Morejón, de 90 años, gravemente enferma e internada en el Hospital Tornú, su hijo y su nuera, además de sus nietos Roberto Carlos, de 14, y Juan Pablo, de 8, a quienes nunca vio en persona y espera hacerlo hoy alrededor de las 6 de la mañana cuando pise el Aeropuerto Internacional de Ezeiza.

¿La madre sabe que viene?", fue lo primero que preguntó la Presidenta a los familiares de Molina, a lo que su nuera respondió: "Todavía no, se lo vamos a decir muy despacito".

En el living de la residencia presidencial, Fernández de Kirchner compartió un sillón de tres cuerpos con Verónica y su hijo menor, a quien describió como "azorado", por la situación que le toca vivir, a horas de conocer a su abuela, y retratado por los reporteros gráficos que cubrieron el encuentro.

A la derecha de la Presidenta se ubicaron Quiñones y su hijo mayor: "Quiero expresarle nuestro agradecimiento", dijo el hijo de Molina a la Presidenta para abrir el encuentro, que se extendió casi 60 minutos a partir de las 18, justo cuando en La Habana comenzaba el vuelo de la médica disidente.

Antes de volar desde la capital caribeña, Molina dijo en declaraciones radiales y televisivas que "no" guarda "rencor" contra el régimen castrista e insistió en agradecer públicamente las gestiones de la presidenta en su favor.

"Todo eso es desgarrador, pero gracias a Dios no se me contaminó el alma; este sistema promueve mucho el odio", resaltó la mujer, que ratificó que su anhelo no es radicarse en la Argentina: "Quiero poder entrar y salir".