Acto I: Ethan Hunt, el héroe de Misión Imposible ha sido desvinculado de IMF porque Alan Hunley (Alec Baldwin), Jefe de la CIA, convenció a los congresistas de la comisión de Defensa sobre la conveniencia de desarticular esa organización paraestatal que estaba fuera de control. En ese momento Tom Cruise dirigía una investigación hacia un grupo de espías renegados de distintos organismos de inteligencia constituidos secretamente en un denominado ‘Sindicato‘ con ramificación internacional. Para reclutar a sus viejos compañeros elige enviarles entradas para una función de la ópera de Viena donde recibirían instrucciones de cómo continuar la tarea inconclusa y contribuir a salvar al mundo. En medio del aria más conocida de Turandot, Nessun Dorma, más precisamente en el ‘tempo‘ de la partitura, Hunt-Cruise identifica a un flautista de traversa que esconde un fusil apuntando al palco presidencial. Pero hay dos tiradores más, entre ellos, una bella mujer que nunca debe faltar en una función de ópera y menos en una película. El atentado falla por la oportuna intervención de Hunt y queda definido el leit motiv del film simultáneamente con el final del largo sostenido ‘vinceroooo‘ del tenor de la obra de Puccini. Al dramatismo del teatro se agrega la tensión del argumento de la película.

Acto II: Suenan ocho minutos de Tosca, otra vez Puccini, en una representación en el festival de la ciudad de Bregenz, otra vez Austria, sobre el inmenso escenario en el lago Constanza. El agente secreto James Bond, de la inteligencia británica está descubriendo, al momento que canta el coro, el plan de villanos que pretenden hacerse con el control del abastecimiento de agua dulce del planeta comenzando su experiencia con Bolivia, país en el que la trama supone han puesto a un socio en la Presidencia. Daniel Craig 007 se hace del transceptor portátil de uno de los secuaces, sigue con auriculares los diálogos encubiertos por la música y disimulados entre el esplendor de vestidos largos, corbatas de moño y abundantes joyas. Entra en acción y logra disolver la reunión oculta. La profunda concentración del público evita que se noten los actos de violencia.

Acto III: Eran aproximadamente las 22.25 del 14 de abril de 1865. La guerra civil estadounidense llegaba a su fin cuando el Presidente Abraham Lincoln se acomodaba junto a su esposa y amigos en uno de los palcos del Teatro Ford de Washington D.C. para disfrutar de ‘Our American Cousin‘ de Tom Taylor. Simpatizante de la causa confederada y miembro de una conspiración que intentaba reunir los ejércitos dispersos para que continuaran luchando, John Wilkes Booth disparó desde corta distancia e hirió de muerte al mandatario quien moriría al día siguiente por la gravedad de las heridas recibidas. El recinto, pensado para tragedias ficticias, esta vez fue escenario de uno de los más grandes magnicidios de la historia contemporánea.

Final: El teatro es una representación exagerada de la vida donde los personajes simbolizan las pasiones primarias de los seres humanos, el amor, el odio, la envidia, la soberbia, los sentimientos más bajos y también las conductas más heroicas, Juana de Arco, San Francisco. El ballet contemporáneo ha servido también a la difusión de ideas de organización social con Prokofiev desde la Rusia soviética o a conflictos raciales como West Side Story, el Romeo y Julieta americano de Leonard Bernstein. El teatro de ópera es la expresión más sofisticada y completa y en ello se asienta su popularidad, su permanencia en el tiempo frente a expresiones más modernas y tecnológicas. Intervienen las artes visuales en la escenografía e iluminación, el diseño en el vestuario, la actuación de los intérpretes, las voces de los solistas y el coro, los instrumentistas de la orquesta, la mecánica compleja de las plataformas y, lo principal, el clamor del público. Fuera del escenario, palcos y plateas han sido y seguirán siendo ámbitos de encuentros casuales en los que se resuelven amores, amistades, negocios y, por supuesto, vanidades y conspiraciones. Los palcos, de ingreso secreto, permiten compañías que algunas veces no conviene exponer en la platea. Los espacios comunes en los foyer, son lugar de reconciliación y reencuentro. Los bares reservados, lugar perfecto para atar negocios sin necesidad de concertar audiencias. Hay ubicaciones que se prefieren no para ver bien sino para ser visto. Se crea ilusión de pertenencia a cierto glamour que es ajeno a la ópera en sí que, en realidad, siempre fue tan popular como los argumentos sencillos de las obras más famosas. Sarmiento estaría orgulloso viendo a su progenie provinciana llegar a este punto tan alto de civilización cultural saliendo de esa pobreza de alma que no se mide con las estadísticas. Teniendo plata, también se puede ser pobre siendo insensible a los estímulos del arte. Se ha anunciado que el nuestro será un teatro para el pueblo, con expresiones diversas como corresponde a un edificio que ha sido pagado por todos. En pocos días una joven sacerdotisa de perfil frágil y nombre clásico a quien le ha tocado ser ministra, encenderá con su voz el fuego sagrado de la Ópera de San Juan.