Tres días después de la primera defensa pública del matrimonio entre personas del mismo sexo, la presidenta Cristina Fernández volvió a embestir ayer en duros términos contra la Iglesia por su postura contraria al proyecto al sentenciar que el discurso de la dirigencia católica "parece de la época de las Cruzadas".
La mandataria también dijo sentirse "sorprendida" y "preocupada" por "expresiones que hablan de un proyecto del demonio", en referencia al que analiza el Congreso, y dijo que tales apreciaciones "remiten a los tiempos de la Inquisición".
Fernández de Kirchner realizó estas declaraciones en una conferencia de prensa que brindó a periodistas argentinos en China, en donde inició en esta jornada su actividad oficial, y que fue reproducida en la página oficial de la Casa Rosada.
"El debate debe volver a su cauce normal, sin Cruzadas, acá no hay demonios", criticó la jefa de Estado. Consultada sobre la fuerte polémica instalada alrededor del proyecto, la mandataria dijo estar "un poco sorprendida por el temor, el tono y el contenido que ha tomado" y apuntó: "Preocupa escuchar ciertas expresiones, cuando se habla de Dios, del proyecto del demonio" y concluyó que "son cosas que remiten a tiempos de la Inquisición".
En directa alusión a los integrantes de la Iglesia, mencionó a "aquellos que deberían instar a la paz, a la tolerancia, al diálogo, o por lo menos eso siempre dijeron en sus documentos" que emiten sobre el estado de situación del país. También cuestionó que desde el culto católico se invoquen "razones de derecho natural" en contra del matrimonio gay, al expresar que "el matrimonio no es una construcción de la Iglesia Católica, sino del Derecho Romano".
La Presidenta comparó que "si miramos hacia el siglo pasado, en Estados Unidos, el principal país del mundo, por su liderazgo y su producto bruto, se pensaba que las personas de piel negra eran inferiores, y hoy en los Estados Unidos tienen un presidente que es negro". Por tanto expresó la posibilidad de que "esta discusión, en este tono, sea vista en unos años como una discusión casi anacrónica", y recordó que, con este proyecto, "no se obliga a las personas a que se casen con otras del mismo sexo, sino que toma en cuenta una situación de hecho".
"Sería una distorsión terrible de la democracia que se negara ese derecho hacia las minorías" advirtió la jefa de Estado, quien insistió en que el discurso de la Iglesia "parece de la época de las Cruzadas".
Cristina explicó que "cuando se sanciona el código civil de Veléz Sarsfield el único matrimonio posible era el matrimonio por iglesia, porque tomó esa cuestión del derecho canónico, que tampoco es de la iglesia, sino de los romanos, que además eran paganos".
Detalló que "cuando comienza a venir la inmigración, con todo tipo de religiones, la única forma de casarse era mediante el matrimonio por iglesia y se propone una reforma en la cual se crea el matrimonio civil y esa reforma provocó críticas y revueltas increíbles, cosas insólitas, casi iguales a las que se escuchan ahora", señaló la mandataria.
"No quisiera que una ley permita que un funcionario amparándose en una cuestión de conciencia pueda decidir si atiende o no a una persona debido a su condición de gay o lesbiana e incluso decida si permite que una persona pueda o no acceder a una fertilización asistida", afirmó la mandataria.

