En estos días de alerta por dengue y febril compra de repelente e insecticida en los autoservicios, hay otros datos vinculados a la salud que parecieran quedar en el olvido. No porque sean menores sino porque, por así decirlo, aparecen como realidades permanentes. Por lo tanto, asumidos como cosas que simplemente pasan.
No es un dato menor que la tasa bruta de mortalidad infantil en Argentina sea de 12,9 por cada mil niños nacidos vivos. Para decirlo en lenguaje llano: fallecen casi 13 de cada 1000 bebés, por distintos motivos según la información oficial del reporte estadístico 2008 del Ministerio de Salud de la Nación (disponible en www.deis.gov.ar), que consigna datos del 2006.
El dato por sí solo es fuerte. Pero lo es más aún cuando se toma en cuenta que el 56,5 por ciento de los fallecimientos neonatales es reducible, según los datos oficiales. En el caso de las muertes post-neonatales, es reducible el 54,2 por ciento.
Cuando se trata de chiquitos menores de 5 años, fallecen más de 15 por cada 1000 nacidos vivos (15,2 es la tasa oficial del reporte 2008 que cita datos estadísticos del 2006).
La tasa de mortalidad infantil ha ido en decrecimiento en los últimos años, según reflejan los datos oficiales: 25,6 en 1990; 22,2 en 1995; 16,6 en 2000; 16,3 en 2001; 16,8 en 2002; 16,5 en 2003; 14,4 en 2004; 13,3 en 2005 y 12,9 en 2006. Sin embargo, cuando se trata de decesos evitables duele la ocurrencia de tan sólo un caso. Y la meta es seguir reduciendo las cifras, aunque ese valor, dadas las circunstancias, no figure en los primeros puestos de la agenda.
"Argentina, vanidosa ante el dengue", tituló la agencia BBC Mundo, frente a la decisión K de no declarar el alerta epidemiológico en el país, buscando no perjudicar su imagen en el exterior. Intento fallido, por cierto. Son 14.180 los casos reconocidos oficialmente. Y son 5 los fallecidos por dengue hemorrágico, una forma grave de la enfermedad que ocurre cuando una persona contrae el virus por segunda vez, por una cepa distinta.
Huelga hablar de la gravedad del asunto. Pero sería peligroso dejar que el monopolio temático nuble el resto.
