If I can make it there, I’ll make it anywhere… canta el estribillo de una de las mejores canciones de toda la historia, New York, New York del musical homónimo de Broadway en la voz de Frank Sinatra. Describe el espíritu de la ciudad más importante del mundo moderno, una especie de Roma actual y se traduce ‘si lo puedo hacer allí, lo puedo hacer en cualquier parte‘. Cuando amagaba llegar a San Juan la gran minería, hubo una serie de reuniones en un hotel del centro para dar a conocer las condiciones a las que deberían ajustar todos los que pretendieran ser proveedores. No solamente calidad de las eventuales prestaciones sino normas administrativas, financieras, fiscales y otras múltiples exigencias, a las que habitualmente llamamos ‘estar en regla‘. Hoy nos resulta común escuchar sobre el respeto tanto a normas de calidad como de ambiente porque las están aplicando, felizmente, hasta los municipios, pero eso era lenguaje extraño en tiempos no tan lejanos en el calendario pero sí en lo conceptual. De esas reuniones y de las primeras experiencias con lo desconocido, dialogando con estos actores nuevos en la economía de la provincia muchos de ellos llegados desde distintos países y hablando nuestro idioma a media lengua, llegamos a la conclusión de que la minería nos traería el mismo valor agregado que cita la canción: una vez que aprendiéramos a hacerlo con las mayores empresas del mundo nos quedaría la enseñanza para hacerlo en cualquier parte. También en San Juan. Ponerse en condiciones intelectuales, técnicas y administrativas para proveer bienes y servicios a una de las más grandes escalas posibles, sería un aprendizaje imposible de trasmitir desde una universidad. Hacerse del entrenamiento suficiente para resolver problemas complejos, daría a nuestro capital humano la posibilidad única de pasar a jugar con los grandes. Esos años, tanto por necesidad de las ‘majors‘ que nunca podrían traer tanto personal de afuera como por las exigencias gubernamentales de contratación local, nacieron más de 500 empresas formadas al calor de la oportunidad y otras tantas diversificaron sus objetivos para poder tomar una parte de la riqueza que se derramaría. Fueron 10 años de consolidación de un know how empresario a escala global que nos permitió entender la razón de la existencia de tantas empresas de ese tamaño en Mendoza. Claro, a ellos les habían llegado tiempo atrás las petroleras y la relación fluida con Chile. Antes del gran terremoto del ‘44 San Juan era puramente agrícola con algo de vitivinicultura. El sismo destructor trajo consigo la reconstrucción de la ciudad y los cimientos de nuestra economía mutaron violentamente a la dependencia del Estado. Los hijos de la generación del arado pasaron a ser arquitectos, ingenieros, abogados, médicos y la producción de bienes transables empezó a quedar de lado. La agricultura hecha a la antigua y el Estado nos mantuvieron en vuelos de cabotaje hasta que en la década de los ‘90 las promociones industrial, agrícola y turística cambiaron ciertos aspectos de la cultura del trabajo pero no fue suficiente. Recién con la llegada de la gran minería la provincia adquirió una perspectiva distinta en tamaño y horizontes. Jamás antes habíamos mirado hacia el Pacífico, Chile y Perú y levantado la vista hasta Toronto. Tampoco nos interesó controlar el valor de acciones en New York para evaluar nuestro futuro. Jamás habíamos pasado del puerto de Buenos Aires o, a lo sumo, Brasil. Este fuerte proceso de cambio llegó para quedarse porque ya está instalado en las cabezas de los noveles empresarios que crecieron en estos años. Ellos son poseedores de otra cultura y de otra formación para estructurar negocios, tanto para satisfacer demandas actuales como para intuir futuras. La caída, que esperemos sea transitoria, de los grandes proyectos de Pascua-Lama y El Pachón, dejó a algunos a medio camino y a otros directamente fuera de ruta, pero hay un grupo importante que se está reciclando y dando la fruta primicia. Un explorador experto en logística termina de comprar una empresa constructora además de mantener una diversa rama de negocios que dan trabajo a mucha gente. Otro proveedor que asumió la responsabilidad de sostener el personal, termina de hacerse de la franquicia de comidas rápidas más grande que tendrá la provincia, con 70 empleados. Un tercero, acunado al mundo empresario al vaivén de Veladero inauguró semanas atrás una cadena de supermercados, otro se empeña con éxito en la agricultura tecnificada y un par de hermanos metalúrgicos han creado nada menos que un pueblo entero en Iglesia con infraestructura moderna y paisajismo avanzado. Otro ejemplo es el de un proveedor de servicios eléctricos que regresó a su antiguo oficio pero ahora con mayor rentabilidad. Construcción, gastronomía, comercio, agricultura y turismo, rubros que tienen nuevos actores gracias al conocimiento adquirido desde la minería. La experiencia adquirida de trabajar con altos estándares y bajos costos optimizando los procesos para obtener simultáneamente calidad, buenos tiempos de ejecución y eficaces sistemas de control, les garantiza el éxito y hace la diferencia clave con sus competidores. Citando otro verso de aquél Fred Ebb del año ‘77 dan ganas de decir ‘I want to be a part of it‘ (Quiero ser parte de esto).