Nada original, mucho de previsible después del 14 de agosto. Aquí, los radicales, afligidos por el "efecto mochila" de Ricardo Alfonsín, ya prepararon el núcleo duro de su inminente campaña electoral para octubre. Claman por el corte, obvio: "Cortá, cortá y sumá a Iglesias", es el latiguillo pegajoso del jingle. No es para menos, el ex gobernador Roberto Iglesias, candidato UCR para el 24 de octubre- y sus equipos están a 35 puntos de la catarata Cristina K (Alfonsín midió 12 %, ella 47 %).
Comprensible: Los rojo y blanco quieren eludir la catarata presidencial en las urnas, que los empujaría irremediablemente hacia el abismo.
En el PJ viven, claro, el clima inverso: todos son ahora leales militantes del Nuevo Relato K (incluso los intendentes que antes de la muerte de Néstor K querían separar las elecciones departamentales).
Todo el andamiaje electoral peronista está basado en la nacionalización, en "El modelo de crecimiento y distribución" y en la necesidad de darle continuidad desde el 2012.
Como los de la UCR -resignados- dicen que "no está mal que Cristina ya haya ganado, pero para la provincia elijamos gobernador" y creen que las particularidades del mendocino pueden darle posibilidades de batalla (Francisco Pérez, en candidato, fue ministro de Jaque). De todas maneras, los vientos "separatistas" del ansiado corte de boleta aquí son muy pobres (nunca pasaron del 12 % de los votos emitidos).
Los "gansos" del PD -renovado el entusiasmo tras salir pegados al segundo lugar con Rodríguez Saá a la cabeza de la lista- ya eligieron candidato a gobernador: Luis Rosales, un joven de 45 años, que actualmente es columnista internacional en la cadena C5N y que fuera aquí diputado y director de Turismo en otros tiempos.
Los radicales intentan sumar a su causa, el triunfo contundente de Víctor Fayad, el caudillo de la UCR que hizo rancho aparte en la Capital -en elecciones separadas- ganó con el 56 % de los votos vecinales y de paso, encaró contra la conducción central del radicalismo e incluso contra el candidato Iglesias, que no quiso abrirle las listas al Viti después del triunfo en la Capital. Es decir, viejos enconos que dividen, en lugar de sumarles a los nietos de Irigoyen.
Los PJ esgrimen logros provinciales "apoyados por Cristina" y los de la UCR le disparan a "la gestión Jaque" y a sus promesas incumplidas en seguridad, educación, política hídrica, minería, los reiterados anuncios sobre el retorno del tren Buenos Aires/Mendoza/San Juan, los retrasos en el Metro Tranvía (que los de Jaque dicen aquí inaugurará Cristina en un primer tramo Gutiérrez-Maipú, 4 de los 13 kilómetros del servicio) y el retorno del fantasma del déficit presupuestario y el descuido del ahorro del petróleo.
En el búnker de Jaque (que ha cobrado mayor protagonismo en la campaña, exaltando su Gobierno) esgrimen, por el contrario, crecimiento, más escuelas, muchos kilómetros en canales de agua, cloacas y agua potable, la antigua aspiración de la línea 500 Kv desde Comahue y que abastecerá desde allá a Mendoza y San Juan (asegurará continuidad e integrará mejor a ambas provincias con electricidad, desde el Comahue y la vinculación Río IV).
Dicen estar pechando por el túnel de baja altura en el Cristo Redentor y que ya está en marcha la mayor inversión minera (sales de potasio) en Malargüe (3.000 millones de dólares para un proyecto de más de 30 años y 2.500 puestos de trabajo, incluido un Fondo Social aparte). Claro, aquí a Jaque -como hicieron con Cobos- le facturan haber retrocedido temeroso ante el avance ambientalista, mandando al archivo el proyecto minero de cobre y oro de San Jorge, en Uspallata cerca de San Juan (tanto que aquí se especula con que Gioja aprovechará la volada y les ofrecerá casa, comida y cobre en territorio sanjuanino).
En realidad, los radicales jugaron con la contra a San Jorge y quisieron llevarlo al sobre tablas en Diputados para golpear al oficialismo. Jaque propuso tratarlo después del huracán de las elecciones. Y el candidato del PJ, para resguardarse, lo mandó al archivo.
El PJ ya canta triunfo prendido de CFK. Radicales, demócratas y socialistas (que insisten con Binner), suponen que el paraíso no está perdido. Apenas olvidado, como sugería Facundo Cabral.

