Anteayer Pascual Manchineles cumplió 66 años. Hace 3 semanas fue a la ANSES y la semana pasada lo citaron para terminar de completar el papelerío de la jubilación, pero con lo de la gripe A, la cita pasó para unos días más. Él calcula que tardará unos 3 meses en salirle el beneficio, mientras le pasa frente a los ojos toda una vida, 47 años, de servicio en la Municipalidad de la Capital. Y veintitantos como líder del gremio de los trabajadores municipales, lo que pese a ser un jubilado, podrá seguir siendo hasta completar el mandato que vence el 2011. "Esta es la última", promete sobre su gestión al frente de SUOEM, que existe desde 1944 y hoy agrupa unos 2.300 socios de los cerca de 4.000 municipales de planta permanente en toda la provincia.
Manchineles, quien a lo largo de estos años de lucha frente al SUOEM puede haber entrado en la lista negra de más de un intendente de los más de 10 que pasaron por Capital desde que él trabaja y ganado fama de contrera en las calles, meta piquete, redoblante y pancarta, toma este retiro que acaba de empezar como algo definitivo y premeditado.
"Yo decidí irme antes que me dijeran. Me sobran los aportes y hay que dejarle el lugar a otros", dice, escapándole a la idea de que se va porque por estos días, el secretario de Gobierno Ricardo Pintos resolvió jubilar a una veintena de empleados (ver aparte), entre ellos el sindicalista.
La imagen simbólica que forjó Manchineles en la actividad gremial desde principios de los ’80 a la fecha se sintetiza en una boina y una bicicleta. Quizá por eso fue un revuelo cuando le robaron esas dos ruedas, a las que llamaba su Ferrari, en una manifestación hace unos años atrás.
El gremialista no conoció otro trabajo que no fuera el del municipio capitalino en casi medio siglo. Se acuerda que ingresó el 9 de febrero de 1962 en el Servicio Fúnebre, cuando estaba García Ruíz como intendente y Américo García como gobernador. Tenía la secundaria incompleta y ganas de tener sus propios ingresos cuando empezó. Casi 18 años tenía. Antes de que cumpliera los dos meses como empleado, hubo un golpe de Estado. "Mucha gente que era contratada como yo quedó afuera, y yo seguí, así que tuve suerte y fue también por buen comportamiento que me dejaron", cuenta.
También recuerda que entró de intendente un capitán de Aeronáutica apellidado González y luego el coronel retirado Sundblad. "Nos trataban bien los militares pero en cuanto había una sanción nos hacían cumplir", analiza.
Estuvo hasta el ’68 en Servicios Fúnebres. Luego, fue nombrado inspector de calle y hacía controles de tránsito, comercio e industria y ahí estuvo hasta el ’84.
Entonces le llegó a Manchineles el cargo en el Matadero, el puesto donde lo encuentra hoy la jubilación, conservando la función de inspector y la categoría "E", que él define "de mediana para arriba en el escalafón". "En el Matadero además de inspector hacíamos de todo al principio y ahora también nos relevamos solidariamente, desde pechar carne, lo que haga falta", describe.
Lo del gremio vino con la democracia, a la par de su fajina, cuando llevaba ya dos décadas en la Municipalidad. La primera elección fue en 1983, cuando ganó con la Celeste y Blanca como vocal acompañando al secretario general Epifanio Romero. Así empezó a solidificar su carrera sindicalista que había empezado años atrás en la clandestinidad. Fue casi de perilla que llegó a secretario general de SUOEM, cuando en 1986 renunció Jorge Orihuela y le tocó reemplazarlo. Terminó el "mandato prestado" y en 1989 fue electo por primera vez como líder. "En 1991 ya estábamos fuertes y hoy no hay oposición, porque se fueron incorporando a nuestras listas", asegura.
Manchineles ganó ya 8 elecciones. En octubre de 2007 fue la última. "Me quedan dos años más y no sigo", asegura. El estatuto del gremio permite hasta 2 jubilados en la mesa de conducción e incluso que lo reelijan, pero no quiere. Sobre su sucesor dice "va a tener que ganar mérito" y agrega que "hay muchos pero no hay tanta gente joven porque hace 15 años que no entra nadie al municipio. La edad promedio es 55". Y reflexiona: "Yo no he bendecido a nadie, cuando llegue el momento en el 2011, se verá. Ya hay algunos caminando conmigo pero no todos tienen la constancia que tengo yo". Asegura que en sus días de jubilado tendrá que darse al menos una vueltita semanal por la Capital así cumple su función y, de paso, no extraña.
