¿Saben algo de Domingo F. Sarmiento los precandidatos presidenciales a las próximas elecciones generales, Scioli, Massa, Macri, Carrió, Sanz, De la Sota, Stolbizer, Rodríguez Saá, Altamira, Del Caño, De Gennaro, Bodart y Castiñeira, con sus respectivos vice? Están llegando a San Juan, hablan de economía, de justicia social, de presente y de futuro, pero muy poco de cultura y educación, aunque por compromiso mencionan al célebre sanjuanino o visitan de apuro su Casa Natal y Museo.
Venimos de casi dos décadas de ignorancia sobre la figura de Domingo F. Sarmiento, en medios de comunicación, foros de difusión de la historia, y especialmente en el ahora tambaleante Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano "Manuel Dorrego", creado en noviembre de 2011. Y todo, como queda dicho, por el colosal desconocimiento de su obra a lo largo y ancho del país. Un loco por el progreso, la civilización, la educación popular, la creación de escuelas, ¡la educación de la mujer!, mientras nadie lo había insinuado hasta el momento, salvo Belgrano que nos dejó en 1820; un hombre que nunca acumuló un peso como no fuera para viajar, ver y traer a su país lo mejor que podía conocerse en el mundo avanzado de esos años, ¿puede ser un tirano?, ¿un criminal?, ¿un mal ejemplo?.
Lo más reciente en materia de polémicas vino por la interpretación que se hace (y se repite cada tanto) de la vida del autor de "Facundo" en el canal oficial "Paka-Paka", destinado a la audiencia infantil. Si bien en su programación, original e impactante, se logra una relación inteligente entre los protagonistas de estos más de 200 años de nuestra Patria y niños de todas las escuelas del país, llamaron mucho la atención los imaginarios diálogos y desplazamientos del protagonista de estos programas, el activo niño Zamba, con Domingo Faustino Sarmiento. En realidad, las idas y vueltas sobre la vida y obra de Domingo con sus críticas o elogios existieron siempre, aunque no del tenor actual.
Naturalmente, se reconoce de un lado y de otro que estamos hablando de un hombre con genialidades y que las críticas o juicios que se hacen sobre él, en la mayoría de los casos están basados en opiniones del propio Sarmiento pero también en leyendas sobre suposiciones nunca demostradas.
Este sanjuanino tan popular pensaba en voz alta y a veces decía cosas estrafalarias y hasta grotescas porque no se callaba nada. Característica o defecto en él, le costó muchos problemas en vida, sobre todo cuando escribía en el diario "El Zonda", que creó en San Juan, o en el Senado de la Nación. Y ahora vemos lo que le cuesta después de muerto.
Cuando las autoridades de la Casa Natal y Museo Sarmiento, con su directora a la cabeza, museóloga Mónica Arturo, el ministro de Turismo y Cultura, Dante Elizondo, y la adhesión permanente de la Asociación Amigos de la Casa Natal de Sarmiento, reaccionaron ante el tratamiento dado por Paka-Paka, lo que consideraban una ofensa, el titular de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, manifestó que estaba bien lo que se hacía en el programa. Como otras veces, el ministro demostró que le ha faltado leer sobre Sarmiento. Desde aquí se consideró que el canal infantil citado se burla del prócer, lo demoniza y remarca su enfrentamiento con el caudillo riojano Facundo Quiroga, a quien exaltan como líder popular, más allá de que haya que hacer un justo reconocimiento también a Quiroga.
En busca de ser ecuánimes con el llamado Maestro de América, las citadas autoridades sanjuaninas proyectan realizar una muestra itinerante por todos los museos nacionales del país sobre su vida y obra. Y en ese recorrido no debería dejarse de aclarar aquello que Sarmiento dijo una vez: "Hay que regar con sangre de gaucho la pampa argentina". Es verdad, lo escribió al presidente Mitre en 1861. ¿Está bien pensar así? No, muy mal, fue una de sus frases hirientes, pero a él nunca se le ocurrió salir con un rifle a matar un gaucho, ni le dio un arma a nadie para que lo hiciera. Por el contrario, buscó por todos los medios que se educaran, sobre todo que sus hijos vayan a la escuela.
Precisamente, el historiador y académico Horacio Videla, fallecido en 2005, asegura en su esclarecedor "Sarmiento, Acusación y Defensa", que "con su imprudencia verbal" sobre los gauchos se ganó la leyenda de acabar con ellos así como con los indios, cosa que otros hicieron en la matanza de la guerra de hermanos que sufrimos en el siglo XIX, sin perdonar vidas a gauchos, ni gobernadores (Lavalle con Dorrego, los Reinafé y quizá Estanislao López con Quiroga, Pascual Echagüe con Berón de Astrada, Aldao con Benavidez y Virasoro y Saá con Aberastain). Pero Sarmiento, dice también Videla, no derramó ni una sola gota de sangre de gaucho ni mandó hacerlo. Además, recientemente lo ha reconocido el actual presidente de la Confederación Gaucha Argentina, Dr. Adolfo Caballero.
Por todas estas cosas, se ha dicho con razón que Domingo era "el peor testigo contra sí mismo", porque no callaba nada y ponía "el pasto para la calumnia al alcance de la mano de los detractores". Por ejemplo, Paka-Paka toca también que se atribuya a Sarmiento el asesinato del general Chacho Peñaloza en Olta, La Rioja, una locura de alguien, pero no de Sarmiento, como dice el historiador Videla.
Aunque aquí hay que reconocer que el sanjuanino se equivocó al opinar sobre el Chacho porque tenía muy mala información. Peñaloza era un caudillo que luchaba contra el centralismo de Buenos Aires que tanto perjudicaba entonces a las provincias. Sarmiento quería vivo al Chacho para juzgarlo ante la Justicia y que se lo condenara a muerte por lo que él, erróneamente creía: sus fechorías. Era el parecer del sanjuanino sobre el riojano, pero nadie tiene una sola prueba de que lo mandara asesinar. Además, ahora que se habla tanto de "la Patria Grande" en Sudamérica, Sarmiento hace casi ciento cincuenta años ya pensaba en ella. Por eso dejó como epitafio para su tumba: "Una América libre, asilo de los dioses todos, con lenguas, tierras y ríos libres para todos".
¿Saben algo de esto los precandidatos presidenciales a las elecciones de octubre de 2015? Es responsabilidad de los sanjuaninos informarlos. Cuando un presidente de la Nación conozca a Sarmiento, cambiará mucho el trato institucional sobre su figura, aunque hayamos perdido, en el plano nacional, la gran oportunidad del reciente bicentenario del natalicio, en febrero de 2011, que en San Juan se celebró con mayúsculas.

