La presidenta Cristina Fernández iniciará el 10 de diciembre su segundo mandato, apoyada en la mayor cantidad de votos conseguida desde 1983 por un primer mandatario, con una ventaja inédita sobre la segunda fuerza, un Senado en el que podrá constituir quórum fácilmente y una cámara de Diputados en la que las alianzas le facilitarán la mayoría que no consiguió el Frente para la Victoria (FpV), pese al notable crecimiento que lo elevará de 87 a unos 113 escaños, al finalizar el recuento.

Si a este poder político y parlamentario se le suma que gobernará con al menos 20 de los 24 gobernadores propios o aliados, se obtiene un mapa institucional sumamente favorable para avanzar con las transformaciones que se iniciaron en 2003 con Néstor Kirchner y se profundizaron durante el actual mandato de Cristina.

La Presidenta gobernará con una oposición tal vez menos agresiva en el primer tramo de este nuevo mandato, que la que soportó en el primero, ya que las urnas parecen haber sepultado a adversarios como Elisa Carrió y Eduardo Duhalde, quienes consiguieron la mitad de los votos de las primarias y redondearon una actuación paupérrima. La Presidenta suele sostener que cuando Néstor Kirchner inició su mandato con un porcentaje menor al de de los desempleados, se abrió ante ellos un mar de incertidumbre, pero ocho años después se construye sobre certezas. En principio porque el modelo aplicado demostró en la práctica ser exitoso en términos de producción, consumo, empleo, acumulación de reservas y contención social, pero también porque en 2009 logró soportar los embates de la crisis internacional con el menor costo posible. No obstante, las elecciones legislativas de medio término fueron realizados en medio del freno que la crisis internacional le puso al crecimiento sostenido, lo cual implicó pérdidas en el nivel de empleo y la consecuente derrota electoral bonaerense, donde el empresario Francisco de Narváez consiguió derrotar por un par de puntos a Kirchner. En esta oportunidad, el Gobierno logró sortear un impacto electoral negativo proveniente del exterior, ya que las elecciones se realizaron en el marco de una bonanza económica inédita, ya que las primeras olas de la crisis internacional recién arribarían en los próximos meses.

La Argentina cuenta con un cuadro macroeconómico que le permite afrontar ese desafío con optimismo, lo cual contrasta con lo que ocurriría en estas circunstancias con la debilidad externa que planteaba el modelo neoliberal que se aplicó en el país desde el célebre shock económico en el final del gobierno de Isabel Martínez, hasta su trágico estallido en 2001, que determinó la caída del gobierno de Fernando de la Rúa. Tras ocho años de kirchnerismo, la Argentina es otro país. Pero los mimos beneficiaros del cambio, renovarán sus demandas. Cristina deberá enfrentar desafíos vinculados a la puja por el ingreso y al tipo de cambio. Pero el que más la desvela es sin duda el de la pobreza de 3.300.000 argentinos y los más de 900 mil indigentes, medidos oficialmente por el INDEC.