Juan Manuel Urtubey quería venir a San Juan el 21 de septiembre, pero tendrá que cambiar la fecha por la agenda del gobernador Sergio Uñac. Igual, la reunión se va a dar, más tarde o más temprano, pero va a ocurrir. Y cuando pase, va a ser el primer desembarco de una larguísima lista de personalidades del peronismo y de otros sectores que van a recorrer todo el país en busca de votos para el 2019. La idea del mandatario sanjuanino y jefe del PJ es abrirle la puerta a todos aquellos que quieran venir, siempre y cuando respeten los espacios, obviamente. ¿También a Cristina Fernández? “Todos”, respondió alguien del peronismo. Por ahora, la estrategia “uñaquista”, parece, es esperar y gobernar. No casarse con nadie, no hace falta todavía. Habrá que estar atentos a detalles, entonces: si le arman alguna reunión política, si habrá algún acto, si lo llevarán al partido, si se reunirá con José Luis Gioja también, o si simplemente hace una rápida pasada por Casa de Gobierno y se va. Cualquiera de esas opciones será testimonial.

Lo de Urtubey en San Juan ocurrirá justo en el momento en el que empiezan a moverse las aguas en el principal partido de oposición. La reunión del martes del llamado grupo Esmeralda, conformado por intendentes de la provincia de Buenos Aires, arroja un clarísimo panorama de cómo vive hoy el PJ: “están corriendo a los viejos pero no saben si ponerlos en el zaguán o sacarlos a la calle”, dijo alguien con años de política partidaria en San Juan al pintar el cuadro del momento. La descripción, muy localista como el lector habrá podido darse cuenta, calza a la perfección con las acciones de los Esmeralda, quienes no dejaron subir al escenario a Daniel Scioli y no le pidieron a Gioja que hable, siendo el sanjuanino el presidente del partido al que ellos pertenecen. Si ya tenían pensado hacer eso, ¿para qué los invitaron? Las versiones al respecto son dos: Gioja dice que sí lo llamaron, pero varios medios nacionales dijeron que no los habían invitado y que los intendentes se sorprendieron al verlos en el hotel donde se hizo la reunión. Es más, aseguraron que Diego Bossio, por ejemplo, se las tomó antes de la foto porque “no era la imagen de renovación que esperaba”. En resumen, el peronismo no sabe qué hacer con su historia reciente.

Urtubey está en el grupo de líderes peronistas que venden una renovación, aunque levanta algunas críticas por su evidente apego al estilo “Macri”. Fue uno de los primeros en pararse frente al kirchnerismo, pero exageró la medida y hoy quedó del lado “chic” del peronismo, el que, en realidad, no existe. Es muy probable que lo domine la ansiedad de saber que en 2019 es Presidente o es uno más. Esta semana estará con otros intendentes bonaerenses no comprendidos en los Esmeralda y después recorrerá otros distritos, entre ellos San Juan, lo que en sí implica un inicio de campaña.

Dicen en el peronismo local que aún no tienen nada programado respecto de esa visita, pero ya aseguran que será corta, lo que en sí es un mensaje. Por la gran cantidad de días que quedan para que llegue el momento de votar un presidente, por ahora de Urtubey o de Uñac no se escucharán definiciones, por eso será tan importante leer los gestos de uno hacia el otro, para al menos ir sacando alguna definición sobre las posturas políticas. Habrá que ver si el salteño busca reunirse con Gioja o si evita hacerlo.

Al peronismo no le sobran nombres: de los gobernadores está Urtubey, que no puede renovar en Salta y ya está jugado; Sergio Casas, que tampoco puede hacerlo en La Rioja y no le queda tiempo para generar imagen nacional; Lucía Corpacci, que no tiene intenciones más allá de Catamarca; Domingo Peppo, gobernador del Chaco, que no parece representar mucha renovación que digamos, que es lo mismo que le pasa a Gildo Insfrán, de Formosa; Rosana Bertone, quién supo salir justo a tiempo de los brazos del mundillo K, pero que no genera empatía en el peronismo. Y después están Gustavo Bordet, de Entre Ríos, quién aparentemente viene en la buena senda nacional y el sanjuanino Uñac, quién tiene tiempo para esperar que el resto se desgaste, porque al terminar su segundo mandato, de ocurrir, tendrá 52 años de edad. Esperar y gobernar parece un negocio redituable para el pocitano.