San Juan, 24 de agosto.- El panel estuvo conformado por los investigadores del CONICET: Gerardo Aboy Carlés, de la Universidad General San Martín; Alejandro Groppo, de la Universidad Nacional de Córdob; Sebastián Barros, de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco; Gustavo Castagnola, de la Universidad Nacional de Tres de Febrero y por Julián Melo, de la Universidad Nacional de San Martín. Además, Ernesto Laclau presenció, en primera fila, las disertaciones de los cinco oradores.

La principal problemática desarrollada por el panel fue la “antinomia” entre populismo y democracia. Retomó y efectuó críticas hacia los tradicionales estigmas elaborados en torno a ambos conceptos. El peronismo y la teoría sobre populismo de Ernesto Laclau fueron los elementos recurrentes en los discursos de los oradores.

Gerardo Albay Carlés, Dr. en Ciencias Políticas y Sociología, fue quien inició las exposiciones. Su propuesta giró en torno a la “aparente” dicotomía entre populismo e instituciones. Expresó que, en realidad, no hay exclusión entre ambas. “No podemos seguir en una defensa idílica de las instituciones como si los populismos fueran lo otro”.

El segundo orador fue Gustavo Castagnola, que ha aplicado la teoría de Laclau sobre la relación entre populismo y hegemonía. Su trabajo se centra en el ejemplo peronista, que es descrito como un populismo hegemónico.

Castagnola expuso los dos interrogantes más importantes de su propuesta: ¿Qué hizo posible la supervivencia de la identidad del movimiento? y ¿Cuál fue el rol específico de Perón?

Luego, Sebastián Barros, especialista en Gobierno, realizó la distinción entre identificación democrática e identificación populista. Expresó que trabajar sobre esta diferencia tiene una importancia conceptual y empírica. Además, describió que entre ambas existe una tensión que es irresoluble.

Julián Melo, de la Universidad de Buenos Aires, retomó la antinomia entre Populismo e instituciones, descrita por Carlés. Explicó que la contradicción se da por sentada y que, por esa razón, se sigue reproduciendo. Expresó que el sentido común y lo académico convierten al populismo en “mala palabra”. Concluyó que es importante y enriquecedor considerar que el populismo supone, al mismo tiempo, una ruptura y una recomposición comunitaria.

Por último, Alejandro Groppo, continuó con el desarrollo de la antinomia entre populismo y democracia. Destacó que, de manera corriente, se utiliza a ambos conceptos sin ser contextualizados. A diferencia del resto de los panelistas, puso énfasis en la descripción de democracia. Expresó que es infinitamente perfectible, que brilla por su ausencia y que no hay una definición ostensible posible.

Al finalizar las exposiciones la coordinadora invitó al público presente a realizar preguntas a los panelistas.