"De la Villa Costa Canal 2", dijo. Luego dio media vuelta para salir raudamente y abortar el diálogo que evidentemente resultó incómodo. "¿Dónde vivís?", había sido la pregunta que desencadenó la respuesta corta y la posterior huída. Allá, a aquella villa, habrá ido a parar la moneda de 1 peso.
La escena comenzó unos 10 minutos antes de la escapatoria. Un par de chicos, de no más de 9 años, ingresó al café cuando quedaba la última claridad de la tarde del viernes y comenzaba a sentirse el aire helado en ausencia del sol. Empezaron a distribuir los cartoncitos con leyendas trilladas sobre cada mesa, a la espera de una moneda. Sin contacto visual ni de ningún otro tipo.
Un varón y una nena, de quienes nadie hubiera sospechado que estaban afectados a esa tarea. Su ropa era la de cualquier chico.
Descuidado acerca de cuál de los dos pibes había dejado la estampita sobre su mesa, el hombre le dio una moneda de 1 peso al varoncito. Sin demora se acercó la nena con cara de desconcierto porque ese cartoncito había sido colocado por ella y no por su "competencia". Hizo el reclamo sin que sirviera de mucho.
Recién entonces hubo algo de diálogo. En medio de las explicaciones acerca de a quién le correspondía la moneda, la nena confesó que su "colega" no era su hermano sino un amigo. El hombre encontró -pensó que había encontrado- una posibilidad de saber más sobre los pibes en cuestión. Y lanzó la pregunta de "¿dónde vivís?". Mala elección.
El ejercicio de la calle había entrenado a los chicos para saber cortar las conversaciones con extraños. O con algunos, al menos.
La moneda de 1 peso era de las más nuevas. Reluciente. Casi hasta podría identificarla el sujeto que la puso sobre la mesa aquella tarde de viernes. Habrá ido a parar a la "Villa Costa Canal 2". O no. ¡Cómo saberlo!
Los pibes siguieron su ruta y continuaron con su trabajo. Minutos después entró otro chiquito. Esta vez, más pequeño, de unos 7 años. La rutina, la misma.
