Dice el diccionario de la Real Academia Española que se entiende por "matriz" el "molde de cualquier clase con que se da forma a algo". Es esta, la tercera acepción, la que describe un modo frecuente que conspira contra cualquier intento de combatir la inseguridad.
Aturdido por la noticia del robo, corrió a la seccional más cercana para radicar la denuncia y atrapar a su propio empleado -el presunto ladrón- antes de que huyera a Córdoba. Nada le hacía suponer que recibiría una respuesta semejante por parte del encargado de la oficina policial. Pero ocurrió. Era otra jurisdicción, así que lo mandaron a la comisaría que correspondía, a unos 200 kilómetros de distancia. Insólito, pero cierto.
El episodio sucedió la semana pasada. El damnificado en cuestión es un pequeño empresario que presta servicios en un campamento minero y descubrió que un empleado suyo había huido con parte de la recaudación y una pequeña computadora portátil. En total, pudo cuantificar rápidamente el daño en unos 15.000 pesos.
Enterado del hurto, acudió a una seccional de Capital, para radicar la denuncia y dar el dato del paradero del supuesto ladrón, antes de que escapara a Córdoba, su provincia de origen. Pero en la sede policial se negaron a recibirle la acusación y lo mandaron al yacimiento. O sea, a la comisaría más cercana al campamento minero, a unos 200 kilómetros del lugar donde se encontraba el damnificado y, tanto peor, el sospechoso a punto de salir de la provincia.
Luego de deambular entre desconocidos y hacer alguna llamada a un abogado amigo, el pequeño empresario logró que otra seccional del Gran San Juan le recibiera la denuncia e intentara ubicar al juez de la segunda circunscripción, competente en el caso a esclarecer. Eran casi las 22. Habían pasado siete horas de peregrinación.
Si hay imprecisiones en este relato -de hecho se mantiene en reserva la identidad del protagonista y las seccionales intervinientes- es porque el hecho podría repetirse varias veces con nombres distintos y delitos de diversa índole, pero modalidades burocráticas semejantes. El resultado es el mismo: otro aporte al descreimiento en el sistema.
Seguramente las leyes amparan el accionar de los policías, tanto el de aquellos que se rehusaron a actuar como el de aquellos que acometieron la tarea en pos de ayudar al ciudadano. Entonces queda la impresión de que todo se reduce a la voluntad del oficial de turno. Lamentable.
