La tranquila soledad de la tarde de domingo sanjuanino en otoño, inspiradora de la poesía cuyana, se convirtió en su peor enemigo. Ella no alcanzó a comprender por qué razón esos dos adolescentes en moto cortaron su paso. Detuvo el pedaleo, desorientada. Fueron fracciones de segundo hasta que supo que se trataba de un asalto. Le exigieron el bolso. Sin pensarlo, se los entregó. Luego le exigieron la bicicleta. Pero ella, en un acto reflejo, se resistió.
Sin mediar palabra, un puño cerrado le cayó entre la nariz y los anteojos. Cayó al asfalto con la cara sangrante. Y los delincuentes se marcharon en la moto con el magro botín y un punto acaso irrelevante en sus abultados antecedentes policiales.
Ella y la soledad de la siesta en otoño quedaron en la calle Tucumán, muy cerca de la plaza de Concepción. Un automovilista, a lo lejos, reparó en la joven agredida y se conmovió. La ayudó a llegar hasta la comisaría, con la inútil expectativa de que alguien pudiera restituirle lo robado.
Los días que siguieron, la muchacha no se atrevió a salir de su casa sin la compañía de algún familiar. Sólo el viernes siguiente tuvo el coraje suficiente para sacar su propia moto a la calle para ir a trabajar.
Seguramente este caso real haya sonado a copia por su nula originalidad. Sin embargo, ocurrió. Como pasaron tantos otros antes y, desgraciadamente, seguirán sucediendo.
Según el último dato estadístico oficial del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación, en San Juan ocurrieron 25.731 hechos delictivos en 2007. Ese fue el tristísimo aporte local a la cifra total del país, que alcanzó 1.218.243 ese mismo año (www.jus.gov.ar).
La cartera nacional informó que estos valores comprenden delitos registrados por las policías provinciales, policía federal, gendarmería y prefectura naval.
Según el Ministerio de Gobierno de la provincia, el delito se ha "amesetado" en los últimos años, razón por la cual se debiera suponer que el número se mantiene. Es, verdaderamente, una mala noticia.
Que tiene múltiples causas y la mayoría son de índole social, no cabe duda. No hay soluciones mágicas ni inmediatas. Ni reparación posible para ese paseo de domingo en bici, que nunca más será el mismo.
