El tren presidencial arribó a las 12:15 de aquel 31 de mayo de 1950. Eva Duarte de Perón pisaba por tercera vez suelo sanjuanino, pero esa última visita estaría cargada de dolor y congoja. La primera dama llegaba para despedirse del gobernador Ruperto Godoy, quien había fallecido un día antes de un fulminante ataque al corazón. La presencia de la +abanderada de los humildes+ reflejó el aprecio y el cariño que le tenía al mandatario, quien se había convertido en una fiel seguidor del presidente Juan Domingo Perón. Evita se mostró sumamente acongojada y dolida durante el sepelio de su amigo y no se apartó en ningún momento de la viuda. El fallecimiento del Gobernador que había encarado la reconstrucción de San Juan tras el terremoto de 1944 y la figura del símbolo del justicialismo convocaron a una multitud.

Godoy había asumido por segunda vez al frente del Ejecutivo el 26 de mayo de 1950 y 5 días más tarde, un infarto le arrebató la vida. El Gobierno nacional envió a 2 especialistas médicos, que no pudieron hacer nada ante la magnitud del ataque. Tras el desenlace, la misma Evita viajó a la provincia para darle el último adiós a quien consideraba su amigo y a quien definía como +mi regalón+, según relataron los allegados de Godoy. La esposa del general Perón llegó a la Casa de Gobierno y se fundió en un tierno abrazo con Hélida Basualdo, la viuda. En ese instante, los testigos pudieron observar el dolor y la pena que reflejaba su rostro, que se vio invadido de lágrimas.

Evita acompañó a la familia hasta su residencia y aprovechó para pedirle a los diputados provinciales la sanción de una ley que le otorgara una pensión vitalicia de 2 mil pesos a la viuda. Cerca de las 14:30, acompañó al cortejo fúnebre hasta el cementerio. Allí, la +abanderada de los humildes+ se despidió de su compañero: +Deseo dejar junto a su tumba el gran afecto que siempre le profesó el Presidente, en cuyo nombre y en el mío propio le dejo emocionada mi último saludo+.

Fue la última vez que la primera dama visitó San Juan. Ya había estado en la provincia en 1944, en donde constató los desastres provocados por el terremoto. En esa época, como actriz, fue una de las artistas que colaboró con la colecta nacional para las víctimas y damnificados por el sismo. Junto a Perón, regresaría el 10 de abril de 1949 como primera dama para realizar una serie de inauguraciones. Luego de despedir los restos de Godoy, 2 años más tarde Evita sucumbiría ante un cáncer.