Nada mejor que el ejemplo de la AFA para describir la naturaleza de los problemas que hemos tenido en la Argentina en esta última etapa de la organización nacional. Primeros en el ranking mundial de la FIFA, subcampeones del mundo, subcampeones dos veces consecutivas de América, todo en tres temporadas y, no obstante el éxito deportivo, destruidos en el campo institucional del fútbol. Cualquier analista normal debiera suponer lo contrario, que las rupturas institucionales fueran consecuencia de la falta de resultados objetivos en la materia específica de una asociación. Pero no, tenemos el hábito de ser imprevisibles, de hacer imposible que alguien pueda intuir cuáles y cómo serán nuestros comportamientos como sociedad. Tampoco nos hacemos cargo de nuestras responsabilidades como ciudadanos. Vaya como muestra que se han escuchado críticas severas hasta de los propios partidarios de lo que fue el gobierno peronista-liberal-promercado de la década de los ‘90 del siglo pasado olvidando que fue nuestro voto el que consagró a Carlos Menem para que gobernara durante 10 años y 6 meses. Otro tanto ocurre con el fenecido mandato de Cristina del cual se ‘descubren‘ actos de corrupción que fueron denunciados específicamente ante la justicia y ante los medios la primera vez allá por 2005 cuando uno de sus ministros renunció para no firmar una obra con sobreprecios. Luego de eso y de otras denuncias un poco más tardías, Cristina fue votada favorablemente en 2007, 2011 (esa vez con el 54%) y 2013. ¿Tanto tiempo para castigar acciones de las que todos hablaban? ¿O será cierto que la corrupción nos preocupa solamente cuando nos aprieta el bolsillo creyendo ingenuamente que lo que nos falta es porque alguien se lo robó? Es lo que afirma Rodolfo Terragno ¿Es tan grande nuestra falta de madurez transcurridos 200 años de declarada nuestra independencia?
Los movimientos bursátiles y financieros de las últimas semanas y aun desde principios de año están sorprendiendo a todos. La bolsa argentina ha superado los 15.000 puntos en pesos y los 1.000 puntos en dólares, una cifra nunca antes alcanzada pese a la evidente reducción del consumo y la declarada recesión. La bolsa argentina es la que más ha ganado porcentualmente en el mundo. Esto querría decir que la expectativa por el futuro está logrando vencer el desaliento por el presente. Hay gente que cree más en nosotros que nosotros mismos. Cuando el gobierno salió a pedir plata colocando títulos apenas salidos del default en que permanecimos desde 2002 le ofrecieron 6 veces más de lo que solicitó. Más que raro para un deudor impenitente que cada tanto amenaza quedar en cesación de pagos. Raro también para un cliente cuyos fundamentales no dan bien al punto que todavía se arrastran déficits tanto fiscal como comercial con actividad en caída, consumo en baja y alta inflación. Aun para aquellos más reticentes en admitirlo, no queda más que reconocer que hay mucha gente apostando a la pronta salida de estos problemas que está buscando posicionarse adecuadamente para cuando las vacas vengan más gordas.
Cuando se habla con amigos de países vecinos de inmediato afirman que Argentina es como un gigante dormido repleto de recursos humanos y materiales de quien se espera que despierte y recupere rápidamente sus estándares que son mucho más altos que los actuales. Esa es la razón por la que suben las acciones de las empresas. De la comparación con los valores de negocios similares en otros lugares de latinoamérica se deduce que los nuestros están muy baratos y que naturalmente, más temprano que tarde, tenderán a buscar su posición normal. Pero, claro, la única duda reside en nosotros mismos, en la dificultad de las últimas décadas en encontrar y mantener un equilibrio emocional para sostener un esquema político primero y económico después que nos permita adquirir el tamaño que todo el mundo nos atribuye.
En estos 200 años no siempre fue así. Tuvimos la anarquía que antecedió a la primera organización que terminó entre los años 1853 y 1860 con el acuerdo de la primera Constitución Nacional y la incorporación de Buenos Aires al conjunto de provincias. Luego una larga etapa de estabilidad política con Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca, Juárez Celman, Pellegrini, Luis Sáenz Peña, Uriburu, Roca, Quintana, Figueroa Alcorta, Roque Sáez Peña, de la Plaza, Yrigoyen y Alvear. Llegamos a ser el sexto país del mundo en producto bruto formando parte de aquella América que soñaban los inmigrantes europeos cansados de inestabilidad y guerras. Destinos preferidos: New York y Buenos Aires. Después, a partir de 1930 sin que nadie sepa explicar por qué aunque hubo intentos de todo tipo, comenzamos a caer en un barranco para sepultarnos en la mediocridad que hoy padecemos. La metáfora de la AFA se nos aparece como un espejo. Veníamos bien y nos prendimos fuego por no ser capaces de negociar civilizadamente espacios de poder. Privilegiamos el individualismo torpe y la mirada de corto, cortísimo plazo perdiendo la capacidad de poner los cimientos y las paredes institucionales que nos permitan vivir a todos decorosamente dentro de la misma casa.

