"Incansable”. Es el adjetivo que utilizan en su entorno para definir al actual gobernador de la provincia y precandidato para ocupar el mismo cargo por 4 años más, José Luis Gioja. Un claro ejemplo de ello, es lo que sucedió el último jueves, cuando en un verdadero maratón cumplió con 3 tareas claves: A la mañana, se reunió en Casa de Gobierno con directivos de una cementera para una inversión de uno 250 millones de dólares. Por la tarde, en Santiago de Chile tuvo una entrevista con el nuevo ministro de Obras para ajustar detalles de la licitación del túnel por el paso de Agua Negra. Y a la noche, estaba en San Juan participando del cierre de campaña en Pocito.
"El flaco", como lo llaman quienes más lo conocen, está casado con Rosa Palacio y tiene 4 hijos: Gastón, Franco, Camilo y Flavia. Ésta última es su gran debilidad, porque por su elección de vida -es monja- la alejó de San Juan y es la mimada del primer mandatario.
En cuanto a su gestión, la obra pública tiene un peso específico muy fuerte en sus 8 años al frente de la Gobernación: La terminación del Centro Cívico, el Estadio, el Hospital Rawson, la parquización de la Circunvalación, entre otras tantas. Estas obras, que se materializaron en base a un fuerte apoyo económico y político de la Nación, fueron la mayoría fogoneadas por su perfil de "manguero” o "pedigüeño”, como lo tildó en más de una oportunidad la mismísima presidenta Cristina Fernández.
Es más, el estadio pocitano se gestó luego de que el helicóptero que trasladaba a Néstor Kirchner y Gioja para la inauguración del Centro Cívico (2007) tuviera un percance y este jachallero por adopción aprovechara para "hacerle la conversación” de que 2 equipos sanjuaninos estaban por ascender (San Martín y Sportivo) y que les quedaba chico los estadios que tenían. Cuatro años más tarde se inauguró.
Formado bajo el ala de Don Eloy Camus, Gioja se caracterizó en estos 8 años que lo tienen al frente del Ejecutivo por ponerse la "camiseta" de San Juan -una de las frases de cabecera-, actitud que le valió fuertes cruces, por ejemplo con Mendoza en temas claves como la Promoción Industrial. En cuanto a la actividad minera, eje de su gestión, la defiende a capa y espada, motivo que lo enfrentó con políticos del ámbito local, pero fundamentalmente lo expuso en encendidos debates en estudios de televisión de Capital Federal.
A pesar de su popularidad y el encadenamiento de elecciones ganadas que acarrea en su espalda, instaló en la opinión pública una frase que es marca registrada y lo pinta de cuerpo entero: "No hay que almorzarse la cena”, en referencia a que no hay que hablar anticipadamente de "algunas cosas”.
Ocupó distintos cargos en la función pública, pero sin lugar a dudas el que lo marcó a fuego fue ocupar en el 2003 el cargo de presidente provisional del Senado, un cargo que lo ubicó en más de una oportunidad en el sillón de Rivadavia. Sus "buenas migas" en la Nación le permitieron destrabar temas claves para la provincia, como por ejemplo la puesta en marcha de la fábrica de galletitas de Albardón ex Sasetru o la reactivación de la construcción del dique Los Caracoles.

