‘En Barrick hay gente que no conoce de minería’, dijo el respetado empresario sanjuanino Ricardo Martínez, cuando aún humeaba la noticia del segundo incidente en Veladero. ¿Para tanto? Mínimo, el canadiense Rick Baker, quien conducía los trabajos en la mina mientras ocurrió el incidente, no está habilitado para ejercer la ingeniería en San Juan. Y lo mismo pasó con el oriundo de República Dominicana, Antony ‘Tony’ Adames, quien estaba a cargo de la operación de la mina más grande de San Juan cuando el primer incidente, el año pasado. ¿Es importante que revaliden título en el país? Para los ingenieros y para la legislación vigente, por supuesto, aunque ese no es el debate de fondo: ¿tiene el mismo respeto por el lugar donde está asentada la mina alguien que nació en ese sitio, que alguien que sólo está de paso? No. Y los hechos demuestran con fuerza esa afirmación: Adames modificó las estructuras de trabajo con el sólo propósito de ganar más con la misma gente y más rápido. Y Baker, aseguran, no elevó la altura de las bermas a pesar de la indicación de la autoridad de aplicación porque prefirió hacer una segunda consulta, entusiasmado con la idea de ahorrar algunos millones. ¿Un sanjuanino lo hubiera hecho distinto? No se sabe, pero ante la mínima posibilidad, es preferible alguien que le duela hacer mal las cosas a uno que no le importe un comino, porque el lugar no les importa, como Baker y Adames. En definitiva, Barrick llegó a San Juan dando clases sobre minería, pero se irá pidiendo asesoramiento, seguramente.
La pelea del Colegio Argentino de Ingenieros en Minas (Cadim), no es nueva. Ya en 2015 habían planteado la necesidad de que los ingenieros que tiene Barrick en puestos gerenciales también revaliden títulos, como les exigen a los ingenieros argentinos que van a trabajar a otros países. Tanto Adames como Baker nunca lo hicieron y ejercieron la profesión en la provincia sin ningún tipo de restricción. La equivalencia entre un título local y uno extranjero es muy alta, pero en el caso de los ingenieros en minas, hay diferencias en aspectos legales que pueden ser importantes y que los profesionales de Barrick o cualquier otra empresa deben conocer para ejercer su profesión con total idoneidad.
En la compañía prefieren traer gente de afuera por dos principales motivos: el primero, o el más formal, es que evitan que quien maneja caja, el que tiene la última decisión sobre jugosos contratos, pertenezca al lugar donde se desarrolla el emprendimiento. Tienen en la cabeza que esa persona puede flaquear con mayor facilidad ante un hecho de corrupción con personas que conoce desde siempre, que son de su círculo íntimo, que fueron compañeros de estudio, o familiares. Ojo, no son los únicos, en muchas otras compañías es igual. Y el segundo y más frecuente motivo son las jugadas internas, que como en toda gran organización, terminan definiendo los nombres de quienes van a ocupar los puestos más jugosos, como las gerencias, superintendencias o jefaturas, ya sea de un país, región o la organización central, que está en Canadá. No es más que eso, un juego de poder permanente, en el que a veces la capacidad pasa a un segundo plano, lamentablemente. Con esos manejos, la rotación en la compañía es muy alta. Y los gerentes o jefes no terminan de acomodarse jamás.
En el caso de los derrames, las mayores impericias se produjeron en la mina y no en las áreas más blandas, como se supone. Es más, esas áreas, las de comunicación, relacionamiento con las comunidades o los organismos oficiales, sí están ocupadas por sanjuaninos, lo que no ocurre en el resto. En el incidente de 2015 fueron los ingenieros los que mintieron con la cantidad de cianuro derramado, y en el segundo fue el gerente general de la mina el que no quiso elevar la altura de las famosas bermas. Cuentan fuentes del sector que Baker, el gerente en mina hasta hace pocos días, prefirió llamar a una consultora para que le informe si debía o no levantar las bermas, a pesar de que ya tenía en su poder un acta firmada por el Ministerio de Minería que le ordenaba hacerlo. Nadie se explica por qué, si ya estaba la orden, Baker demoró hacer lo que en algún momento iba a tener que hacer. También es extraño que la Policía Minera haya estado casi un año reclamándole livianamente que haga lo que ya había dispuesto, pero todo será materia de investigación, y los cambios en la Policía Minera pueden ser una sencilla respuesta a esa pregunta.
Hasta se dan el lujo de ser reincidentes en Barrick, y para eso está el ejemplo de Guillermo Caló: el porteño estaba a cargo de Barrick Sudamérica cuando ocurrieron los problemas medioambientales del lado chileno del gigante binacional. En 2012 renunció a ese puesto, pero como se ve que lo extrañaban, al año siguiente lo nombraron gerente general de Barrick Argentina, a cargo de Veladero y Pascua-Lama. Como cualquiera hubiera podido darse cuenta, Caló duró muy poco en esa nueva oportunidad, ya que el año pasado, tras el primer incidente en Veladero, lo volvieron a echar. Con ese antecedente no es una locura pensar que Baker o Adames estén dando vueltas por San Juan en un tiempo más. Para colmo se viene Lama, que va a ser tanto o más compleja que Veladero.
En definitiva, como algunos ingenieros que trae la compañía no pueden ejercer en San Juan pero igual lo hacen, se puede decir que no son idóneos, por tanto, se puede asegurar que son ineptos. Y a la luz de los hechos me remito.
