San Juan, 9 de diciembre.- Tiene 48 años y lleva 27 años en la fuerza, la mayoría de ellos como jefe de la División Tránsito. Actualmente se venía desempeñando como titular de la Unidad Regional Capital. En una nota publicada en mayo en DIARIO DE CUYO, Hernández contaba su experiencia y su relación con los accidentes de tránsito.
Hernández: ‘Lo peor, ver a niños fallecidos’
‘Me tocó, en una guardia, acudir a seis accidentes fatales en una misma noche’.
‘Me miraba con los ojos perdidos. Los enfermeros la empezaron a atender, pero murió en la vereda. Era una chica que tenía 20 años y la atropelló un auto en Mendoza y 25 de Mayo. Yo era un oficial recién salido de la escuela y llegué primero al accidente porque andaba patrullando cerca. Fue mi primer encuentro con la muerte, allá por 1986, y aún recuerdo muy bien aquella mirada’, contó Abel Hernández, quien tiene una amplia trayectoria, incluida la jefatura en la División Tránsito y actualmente la de la Regional Capital. ‘Uno nunca se acostumbra a esto. Cuando llaman por un accidente sé muy bien lo que tengo que hacer desde el punto de vista técnico, pero el problema es cuando termina el trabajo y me relajo. Empiezo a pensar en la vida de esa persona, en sus familias, en que pudo ser mi hijo el que fue atropellado. Y ahí es dónde debe aflorar la fortaleza’, contó. Y agregó: ‘Si bien en la Escuela de Policía te preparan, el 50% de cómo afrontar estos momentos te lo da la calle. Es muy fuerte ir a tapar un cuerpo o desesperante cuando la víctima aún está con vida y querés que llegue rápido la ambulancia. Y después está la otra parte, la de ver a personas que sufrieron graves daños físicos y a veces tuve que hacer fuerza para evitar el vómito, por ejemplo’. El accidente que más lo impactó fue uno que sucedió en 1992, cuando dos adolescentes murieron arrolladas por un camión-tanque en calle Sargento Cabral. ‘Eran gemelas y venían en moto. La parte de adelante del camión las pasó, pero giraron y no se dieron cuenta que aún quedaba el acoplado. El accidente fue a pocos metros de su casa y la familia llegó inmediatamente. Fue muy impactante y dolorosa aquella escena’, recordó. Hernández confesó que muchas veces, al llegar a los lugares de siniestros, creyó reconocer rasgos de familiares entre las víctimas, generándole temores que solían paralizarle la boca del estómago. ‘Pero sin dudas, lo más fuerte es acudir a un siniestro y encontrar que hay niños fallecidos. Para eso nadie está preparado y hubo casos que me generaron shocks tan fuertes, que me afectaron durante días’, confesó Hernández, quien es papá de tres hijos.
