Desde su búnker en el porteño hotel Intercontinental, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner festejó su triunfo dándole al electorado ‘un inmenso gracias que no me cabe en el corazón. Gracias también porque hemos logrado tener una presencia de votantes similar a la de cualquier acto general‘, enfatizó la mandataria en su discurso tras reconocer la ‘madurez’ del electorado que participó en los comicios.
Visiblemente exultante y sin ocultar lágrimas, agradeció ‘a todos los argentinos que hoy construyeron un hecho histórico como es el de haber concurrido a votar elecciones primarias para ampliar la democracia’. A su vez, saludó ‘a todas las otras fuerzas políticas’ que participaron en las elecciones primarias.
Ante una gran cantidad de militantes y dirigentes del oficialismo, la mandataria invitó ‘a reflexionar juntos, necesitamos la unidad de todos los argentinos para poder seguir trabajando. No esperen de mí -añadió- ninguna palabra que menoscabe, agravie u ofenda a nadie, no vine a eso’.
La presidenta dijo que ‘en esta noche tan particular quiero llevarle también a mi hijo y a Rocío (su nuera) un beso muy grande‘. Esa mención tenía un interés particular, ya que su nuera perdió el embarazo días atrás. Además, Cristina hizo subir al palco a su hija Florencia, a quien abrazó y besó en un momento muy emotivo del festejo en el centro de campaña kirchnerista. ‘Quiero rendirle esta noche un homenaje a él (en referencia a Néstor Kirchner), porque esto que pasó hoy es de él por sobre todas las cosas’, mientras entonaban cánticos los presentes, en su mayoría jóvenes.
En el búnker, los simpatizantes K le dedicaron los números de las elecciones primarias ‘a (Eduardo) Duhalde que lo mira por TV‘ y se proclaman ‘soy argentino, soy soldado del Pingüino‘.
