Primero el dueño de la pelota en el Senado era el riojano Carlos Menem que con un par de faltazos y una abstención dejó con la mesa servida a la oposición en su intención de dejar afuera del Banco Central a Mercedes Marcó del Pont, cuando ya tenía un dictamen de mayoría, con la firma del propio Menem, para rechazar su pliego. Con números empatados en el Senado, de él dependía desde el quórum en adelante. Pero quien parece haber torcido definitivamente el rumbo del senado es el pampeano, Carlos Verna, un peronista anti K que ahora vota junto al gobierno, luego de haber sido el pilar sustantivo en la formación del polo opositor.

El legislador justicialista fue el autor, junto a su comprovinciana María Higonet, de la iniciativa a la que se aferró el Frente para la Victoria y sus tres aliados para evitar la perspectiva cierta de la derogación definitiva del DNU, si una mayoría del Senado insistía en votar en el mismo sentido que Diputados.

Desde su arribo al Congreso en diciembre, Verna se convirtió en un protagonista esencial de la cámara alta y sus posiciones, muchas veces improvisadas sobre la marcha, tienen una influencia decisiva para inclinar la balanza del poder hacia opositores u oficialistas.

Verna comenzó a tener una gravitación importante en el Senado desde su reingreso en diciembre de 2009. Inicialmente el oficialismo lo contaba como propio, porque reemplazaba a dos pampeanos que habían tenido militancia en el bloque del FpV, Rubén Marín y Silvia Gallegos. Con ellos, el kirchnerismo y sus tres aliados patagónicos hubieran retenido la mayoría propia en Senadores.

Pero Verna conformó primero un bloque con su comprovinciana María Higonet, después fue referente de una especie de interbloque con otros cuatro legisladores (los cordobeses Luis Juez y Norma Morandini, la correntina Josefa Meabe y la chubutense dasnevista Graciela Di Perna), luego negoció con los opositores, y tras llevar el sector a 37 senadores, obtuvo consenso para ocupar puestos en comisiones claves.

Su segunda intervención decisiva la protagonizó cuando ideó una sorpresiva alquimia jurídica para salvar a la oposición de una derrota en la discusión del proyecto de ley de cheque, luego de comprobar la imposibilidad de llegar a 37 senadores en un tema en el que los sectores antikirchneristas se habían jugado como una suerte de reivindicación histórica del Interior.

La tercera, seguramente la más notable, ocurrió después de hacer punta en la definición de que nunca aprobaría el uso de reservas del Banco Central para el pago de la deuda externa mediante un DNU, pero aceptaría que el tema fuera definido por una ley con el apoyo de las dos cámaras.

Es lo que hizo de inmediato: preparó una iniciativa que copiaba el texto del DNU 298, que lanzó el fondo del Desendeudamiento, que se transformó en la tabla de salvación para el Gobierno que miraba impotente cómo el decreto naufragaba en Diputados y corra el mismo riesgo en Senadores.

Pero el oficialismo necesitaba alejarse de la peligrosa intención de los opositores de derogar primero el DNU y después aprobar la ley, con lo que dejaba descalzada la política de canje de deuda. Ese paso lo dio cuando consiguió la firma de Verna para un artículo del proyecto que establece que el decreto sólo quedará derogado una vez que la ley de uso de reservas sea sancionada por ambas cámaras del Parlamento.

El pampeano estampó la octava firma en las tres comisiones que trataron el tema, compuesta de 15 miembros cada una, la séptima fue la de Carlos Menem, y ambos habilitaron el proyecto oficialista que el miércoles pasado, también con su voto positivo fue aprobado en el recinto.

Este "gesto" de Verna abrió la puerta al pago de una deuda de 600 millones de pesos que la Nación tenía con La Pampa y una brecha, al parecer insalvable con sus socios o ex socios de la oposición.