El escándalo por supuesta defraudación al Estado que envuelve a Sergio Schoklender, ex apoderado de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, ahondó ayer las diferencias entre esta organización y las que agrupan a las Abuelas y a la línea fundadora de las Madres de Plaza de Mayo.

“La gente ya sabrá quién es quién”, dijo Taty Almeida, la titular de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, organización que nació en 1986 tras la ruptura de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, presidida por Hebe de Bonafini.

El escándalo estalló hace unas semanas cuando salieron a la luz aparentes acciones fraudulentas que se le endilgan a Sergio Schoklender en el manejo de fondos (millonarios) públicos destinados a viviendas para carenciados.

Tras este estallido, Bonafini tildó a Sergio Schoklender y a su hermano Pablo, también investigado por la Justicia, de “estafadores y traidores” y deslindó toda responsabilidad de las Madres en los hechos que se investigan. Pero Almeida pidió ayer en declaraciones a Radio Del Plata “que se investigue a la señora de Bonafini”.

Dolida por la situación, Almeida, de 80 años, señaló que “atrás de un pañuelo”, el blanco, símbolo de la lucha de las Madres de Plaza de Mayo, “hay 30.000 desaparecidos y hay que saber llevarlo”.
A lo que sumó, en referencia a Bonafini, que “lo que ha hecho esta señora hasta la fecha sólo ella lo sabrá”.

Esta nueva polémica se despertó después de que el jueves, la titular de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto, señaló que Bonafini, como presidenta de la asociación, “no puede estar ajena a lo que pasa y a lo que ha pasado”.

Carlotto afirmó que la situación suscitada por este escándalo judicial es “muy triste y difícil”, pero pidió no confundir “a las Abuelas con las Madres de Plaza de Mayo”.

“Es un momento realmente muy triste, muy difícil, por muchas razones. Lo más importante es quizás que no nos confundan. A veces dicen abuelas en vez de madres y madres en vez de abuelas”, señaló Carlotto al hablar por primera vez sobre la causa en la que está involucrado Schoklender.

En declaraciones radiales, aclaró que las Abuelas han recibido fondos de la Unión Europea y del Estado argentino, pero en ningún caso “millonarios” y en todos “auditados” y aseguró que sus actividades nunca se alejaron de su misión original, la de encontrar a los hijos de los desaparecidos apropiados durante la dictadura.

“Es tal el golpe emocional que me ha provocado esto que parece que el cuerpo no me va a aguantar”, dijo, por su parte, la escritora Susana Dillon, de 86 años, que se alejó de Madres de Plaza de Mayo hace 14 años en disidencia con Bonafini.
En declaraciones a radio Mitre, la escritora aseguró que ella y otras madres que hace años se alejaron de la fundación que conduce Bonafini veían “venir” el escándalo que involucra a Sergio Schoklender y a su hermano Pablo, desde el mismo momento en que la dirigente se vinculó con ambos jóvenes.

“Varias madres que en ese momento estaban muy unidas, nos encontramos con una Hebe que estaba un poco salida de sus cabales. Veíamos que venía la tormenta pero no sabíamos la intensidad”, evocó.

“Todo esto que está pasando lo intuíamos porque era poner un ser extraño en un lugar donde nos habíamos juramentado trabajar sin meter a la política partidaria”, relató la escritora, que se lamentó de que la asociación abrazará otras tareas, como la creación de una universidad y la construcción de viviendas, diferentes a su objetivo fundacional.

Dillon cree que Bonafini “tuvo un gran choque emocional” al conocer a los Schoklender y consideró que se convirtieron para Hebe en “la sustitución de la figura de sus hijos” desaparecidos en la dictadura.

Schoklender renunció a su cargo de apoderado de la Asociación, por desacuerdos internos en el manejo de los fondos para la construcción de viviendas populares, financiada con millonarios aportes del Estado.

Schoklender fue denunciado por presunto lavado de dinero y defraudación a la Administración pública y la Justicia le ha prohibido la salida de Argentina.