Los Uñac se levantaron ayer más temprano que de costumbre. Sergio, en el umbral del día más importante en su carrera política, se había acostado a la 1 de la mañana y a las 6.30 ya estaba otra vez de pie. Pero cuando se despertó, su mujer Silvana ya estaba arriba. Ella casi no había dormido. Los nervios la tenían a las vueltas. El matrimonio despertó un rato después a los tres hijos y decidieron afrontar la jornada interminable de la mejor manera posible: en familia. Desayunaron, se vistieron, hicieron una jarra de café extra y, antes de las 8 de la mañana y cuando el calor ya se hacía notar, le abrieron la puerta de su casa al enjambre de periodistas que hacía guardia en la vereda, incluido el equipo de DIARIO DE CUYO.
Pero antes de que esa casa de Desamparados se convirtiera en una plataforma de entrevistas, los Uñac se habían dado un tiempo para la intimidad. ‘Con el poco tiempo que tenemos para compartir en familia, tratamos de que sea de calidad‘, le confesaba luego el jefe de familia a este diario. Lo confirmaban, por ejemplo, los atuendos del día especial: habían analizado posibilidades y cada uno se había decidido por lo suyo, pero con marcas familiares inconfundibles. Silvana y la hija mujer, elegancia en tonos de crudo y blanco. Los dos hijos varones, traje negro idéntico, zapatos exactamente iguales y cada uno una camisa distinta en colores fuertes. Sergio, traje negro y camisa blanca, con una corbata celeste que terminó eligiendo entre las tres opciones que le dio su mujer.
Canchero político pese a su juventud, Uñac era ayer el tiempista absoluto. Metía chistes y arengaba cuando era necesario, para empujar a sus hijos afuera de la timidez o para darle un poco de calma a su esposa, que a cada entrevista la respondía impecable, pero la terminaba con las manos sudadas y retorciéndose un mechón.
Los chicos no, ellos estaban tranquilos. Melania servía café y sánguches sin sacarse la cartera del hombro, Gonzalo explicaba sus rutinas de hockista y Facundo confirmaba que le tiene ganas a la política. Entre ellos se paseaban tres de las caniches de la casa, Uma, Lula y Coqui. A Uma, hace muy poco, se le dio por parir en la habitación matrimonial. Y encima, el novio de Melania viajó para jugar al vóley en Buenos Aires y les dejó su propio caniche. O sea: invadidos por perros y luego por periodistas. ¿Eso bastaba para que los Uñac terminaran de caer en la cuenta de que Sergio se estaba convirtiendo en la figura pública número uno de San Juan? ‘No… yo lo sigo viendo como mi esposo, y ellos lo ven como su papá. Quiero que siga siendo así, manteniendo la familia y los valores‘, respondió Silvana durante la sobremesa del desayuno que los Uñac tuvieron a solas con este diario.
Sergio completó la idea. ‘Eso es clave, y ese es el mensaje: el desafío de nuestra familia es seguir manteniéndonos como hasta ahora. Con lo que les hemos inculcado a los chicos. Si tenemos poco tiempo juntos, bueno, al menos que ese tiempo sea de calidad‘.

