En 2007, el cronograma electoral pesó como nunca en la estrategia de los partidos políticos. La primera movida la hicieron los intendentes de Santa Lucía, Jáchal, Calingasta y Valle Fértil. Todos eran opositores y decidieron adelantar los comicios en sus departamentos para el 12 de agosto, apostando a evitar el arrastre que José Luis Gioja y Cristina Kirchner podían tener sobre los candidatos del oficialismo en las urnas.
La medida obligó al justicialismo local a sentarse a analizar una jugada alternativa, que le permitiera soñar con un triunfo en las comunas que estaban en manos de la oposición. Con las cartas rivales jugadas sobre la mesa, Gioja salió a redoblar la apuesta. El 11 de mayo, anunció rodeado de medios que las elecciones provinciales se iban a celebrar antes que en la Nación. En lugar de hacerlas juntas el 28 de octubre, como rezaba al calendario que fijó la gestión kirchnerista, decretó que en San Juan fueran el 12 de agosto.
Para justificar el desdoblamiento, Gioja explicó que "cuatro departamentos en campaña implica iniciar toda una campaña en la provincia y creo que San Juan no se aguanta seis meses de campaña". Lo cierto es que así, logró neutralizar la maniobra de los intendentes opositores para despegarse de cualquier influencia externa a favor de los candidatos departamentales del Frente para la Victoria.
El contragolpe fue visto con buenos ojos por la Casa Rosada, donde Néstor Kirchner tejía la candidatura de Cristina. Con Gioja encabezando cómodamente las encuestas, especulaban que un triunfo en San Juan podía ayudar a motorizar una tendencia nacional.
El primer opositor que develó la estrategia de separarse de las elecciones provinciales fue el santaluceño Vicente Mut. Cuando se enteró de la respuesta giojista, habló de imponer una nueva fecha. Pero no podía, porque al haber firmado el decreto convocando para agosto, ya se habían generado derechos y expectativas en los partidos políticos y en la ciudadanía.
El 12 de agosto, fue un día histórico para el giojismo. El líder peronista venció ampliamente en el cuarto oscuro a su principal contendiente, Roberto Basualdo, y su figura fue determinante para levantar a candidatos propios que remaban desde atrás en las mediciones previas. El Frente para la Victoria no sólo que ganó en los cuatro departamentos opositores, sino que por primera vez en la historia se quedó con los 19 municipios.

