‘Si me sacaban del Penal, seguro me mataban‘. La frase es del subsecretario de Derechos Humanos de la provincia, Hugo Zalazar (67), un ex detenido político en la época de la dictadura quien, después de 36 años, se reencontró hace pocos días con la persona que le salvó la vida porque se opuso a la orden de un militar para llevárselo de la cárcel de Chimbas a una muerte segura.

Esa persona es un ex policía, Juan Carlos Turón (56), ahora retirado de la fuerza y que por aquel entonces, noviembre de 1975, daba sus primeros pasos en la fuerza y estaba encargado de la seguridad del pabellón Nro. 5 del Penal de Chimbas, a donde iban a parar los acusados de ser subversivos, entre ellos el actual funcionario.

Zalazar será uno de los casi 300 testigos que están citados a declarar en el megajuicio que empieza mañana. Se trata del primer debate oral y público por delitos de lesa humanidad cometidos en San Juan durante la última dictadura militar y que por la cantidad de víctimas, que son 60, y los acusados, que son 13, aunque sólo van a comparecer 6, será el más grande de Cuyo (ver aparte).
Zalazar dice que siempre supo que fue Turón quién lo salvó de la muerte a manos de los militares, pero recién hace pocos días lo llamó y quedaron en juntarse para recordar aquellos momentos (ver aparte).

El funcionario trabajaba en el laboratorio de la Cavic haciendo análisis de los vinos. Estaba en esa tarea poco después de las 7 de la mañana de un día de noviembre cuando escuchó que detrás suyo le ordenaban: ‘No te movás y levantá las manos‘. Alcanzó a ver a unos 10 uniformados armados con FAL que no le dieron ninguna explicación y lo subieron a un Unimog. Antes le habían puesto una venda tapándole los ojos y le habían atado las manos a la espalda. Así permanecería durante los casi 25 días que estuvo en el RIM 22. Allí hasta le tenían que dar de comer en la boca y ayudarlo para hacer sus necesidades.

Zalazar era un militante del PJ de la Tendencia y después también actuó en Montoneros y hasta llegó a formar parte de la mesa promotora provincial del Partido Peronista Auténtico, una fuerza que se estaba formando después de la muerte del líder Juan Domingo Perón. Por eso no lo sorprendió que lo detuvieran, como a muchos de sus compañeros de militancia.

En el RIM 22 fue sometido a sesiones de interrogatorio y de tortura ‘porque querían saber cómo funcionábamos y los nombres de los que conocía‘.

Durante ese tiempo no tuvo ninguna noticia de su familia y, además de los simulacros de fusilamiento que padeció, estaba la tortura psicológica. ‘Por ejemplo me decían que habían matado a mi mamá‘, sostiene.

Recién después de casi un mes lo trasladaron hasta el Penal de Chimbas, al pabellón Nro. 5. ‘Me blanquearon y recién entonces mi familia se enteró de que estaba vivo‘, recuerda Zalazar.
Llegó en bastante mal estado y muy lastimado, pero estaba mejor que en el RIM 22.

Después de unos días volvieron los del Ejército para llevárselo y apareció en escena Turón, un joven oficial de la Policía, que estaba encargado de la seguridad de los detenidos en el pabellón.
‘Si al detenido lo sacan, me voy con él‘, recuerda Zalazar que dijo el ex policía, para impedir que se lo llevaran para seguir torturándolo y a una muerte anunciada.

Turón dice que recuerda el incidente a pesar del paso de los años. ‘Zalazar no fue el único al que ayudamos porque el sentido común nos indicaba que a las personas no se las puede tratar como a cosas‘, dice.

Y menciona que actuó a pesar de que los superiores les habían advertido que se trataba de presos de alta peligrosidad ‘que estaban preparados para recuperar la libertad por la fuerza‘.
‘Me llena de orgullo haber hecho algo que para algunas personas fue muy importante, como en el caso de Zalazar poder continuar con vida‘, dice Turón.

Zalazar sostiene que ‘que fue un gesto de grandeza porque de no ser por él iba a una muerte segura‘.
Para el funcionario que, entre otros cargos fue asesor y director del bloque del PJ en la Legislatura y diputado provincial, la historia no terminó ahí porque después fue trasladado a la Unidad Nro. 9 de la Plata, donde recién fue liberado en 1979.