Buenos Aires, 9 de Mayo.- La Conferencia Episcopal Argentina emitió hoy un duro documento donde manifiesta que el país “Está Enfermo de Violencia”. Monseñor Delgado fue uno de los obispos que participó del encuentro nacional que se desarrolló en Pilar. En comunicación con Radio Light, Delgado expresó que “San Juan sigue siendo una provincia de paz pero tenemos que tener mucho cuidado”.

Luego de darse a conocer el documento, Alfonso Delgado manifestó que “la violencia creo que ha crecido en todos los Argentinos pero San Juan, me parece, sigue siendo una provincia de paz. Pero cuidado que cuando el agua se derrama, nos moja a todos”.

Además, el representante de la Iglesia en San Juan dijo que “tenemos que cuidar especialmente esto y veamos en San Juan qué podemos hacer para fortalecer esta paz entre nosotros y sobre todo cómo podemos hacer para sembrar paz en todo el país”.
Por otro lado, Delgado dijo que “tenemos que fortalecer la dignidad y la responsabilidad de la justicia, de las fuerzas policiales, de las instituciones que deben velar por la paz, por la rectitud, por cuidar de ese cáncer que es también la droga que corroe los cerebros de las personas”.

Este es el documento completo

FELICES LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ

1.

Como pastores del pueblo de Dios -del que provenimos y al que queremos servir- nosdirigimos a todos los miembros de la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad, para compartir nuestra mirada sobre un aspecto inquietante de la realidad nacional.Constatamos con dolor y preocupación que la Argentina está enferma de violencia. Algunosde los síntomas son evidentes, otros más sutiles, pero de una forma o de otra todos nossentimos afectados. Queremos detenernos a reflexionar sobre este drama porque creemos queel amor vence al odio y que nuestro pueblo anhela la paz.

2.

Son numerosas las formas de violencia que la sociedad padece a diario. Muchos viven conmiedo al entrar o salir de casa, o temen dejarla sola, o están intranquilos esperando el regresode los hijos de estudiar o trabajar. Los hechos delictivos no solamente han aumentado encantidad sino también en agresividad. Una violencia cada vez más feroz y despiadada provoca lesiones graves y llega en muchos casos al homicidio. Es evidente la incidencia de ladroga en algunas conductas violentas y en el descontrol de los que delinquen, en quienes se percibe escasa y casi nula valoración de la vida propia y ajena. La reiteración de estassituaciones alimenta en la población el enojo y la indignación, que de ninguna manera justifican respuestas de venganza
o de la mal llamada “justicia por mano propia”
. Lacreciente ola de delitos ha ganado espacio en los diversos medios de comunicación, que nosiempre informan con objetividad y respeto a la privacidad y al dolor. Con frecuencia ennuestro país se promueve una dialéctica que alienta las divisiones y la agresividad.

3.

No se puede responsabilizar y estigmatizar a los pobres por ser tales. Ellos sufren de manera particular la violencia y son víctimas de robos y asesinatos, aunque no aparezcan de mododestacado en las noticias. Conviene ampliar la mirada y reconocer que también son violencialas situaciones de exclusión social, de privación de oportunidades, de hambre y demarginación, de precariedad laboral, de empobrecimiento estructural de muchos, quecontrasta con la insultante ostentación de riqueza de parte de otros. A estos escenariosviolentos corremos el riesgo de habituarnos sin que nos duela el sufrimiento de los hermanos.Todo lo que atenta contra la dignidad de la vida humana es violación al proyecto de amor deDios: la desnutrición infantil, gente durmiendo en la calle, hacinamiento y abuso, violenciadoméstica, abandono del sistema educativo, peleas entre

barrabravas

a veces ligadas adirigentes políticos y sociales, niños limpiando parabrisas de los autos, migrantes noacogidos e, incluso, la destrucción de la naturaleza. Hemos endurecido el corazónincorporando estas desgracias como parte de la normalidad de la vida social,acostumbrándonos a la injusticia y relativizando el bien y el mal. Es creciente la tendencia alindividualismo y egoísmo, de los cuales despertamos sobresaltados cuando el delito nosafecta o toca cerca. El Papa Francisco señala que
“ se ha desarrollado una globalización de laindiferencia…”
(Evangelii Gaudium 54).

4.

Pero no nos ayuda culpar a los demás. Para lograr una sociedad en paz cada uno está llamadoa sanar sus propias violencias. Es necesario reconocer las diversas crisis por las que atraviesala familia, que es la primera escuela de paz. En ella aprendemos la buena noticia del amorhumano y la alegría de convivir. Muchos niños y adolescentes crecen solos y en la calle provocando el debilitamiento de los vínculos sociales. Esto también repercute en la escuela.

Episodios de violencia escolar se desarrollan ante la mirada pasiva de algunos hasta que esdemasiado tarde. Muchos jóvenes ni estudian ni trabajan, quedando expuestos a diversasformas de violencia.

5.

La corrupción, tanto pública como privada,
es un verdadero “cáncer social ” (EG 60),
causante de injusticia y muerte. Desviar dineros que deberían destinarse al bien del pueblo provoca ineficiencia en servicios elementales de salud, educación, transporte. Estos delitoshabitualmente prescriben o su persecución penal es abandonada, garantizando y afianzandola impunidad. Son estafas económicas y morales que corroen la confianza del pueblo en lasinstituciones de la República, y sientan las bases de un estilo de vida caracterizado por lafalta de respeto a la ley. A ello se agregan mafias del crimen organizado sin freno dedicadasa la trata de personas para la esclavitud laboral o sexual, el tráfico de drogas y armas, losdesarmaderos de autos robados, etc.

6.

Para construir una sociedad saludable es imprescindible un compromiso de todos en elrespeto de la ley. Desde las reglas más importantes establecidas en la Constitución Nacional,hasta las leyes de tránsito y las normas que rigen los aspectos más cotidianos de la vida. Sólosi las leyes justas son respetadas, y quienes las violan son sancionados, podremos reconstruirlos lazos sociales dañados por el delito, la impunidad y la falta de ejemplaridad de quienestenemos alguna autoridad. La obediencia a la ley es algo virtuoso y deseable, que ennoblecey dignifica a la persona. Esto vale también para los reclamos por nuestros derechos, quedeben ser firmes pero pacíficos, sin amenazas ni restricciones injustas a los derechos de losdemás. Frente al delito, deseamos ver jueces y fiscales que actúen con diligencia, que tenganlos medios para cumplir su función, y que gocen de la independencia, la estabilidad y latranquilidad necesarias. La lentitud de la Justicia deteriora la confianza de los ciudadanos ensu eficacia. Algunos profesionales suelen utilizar de modo inescrupuloso artilugios legales para burlar o esquivar la justicia: también esto es inmoral.

7.

La cárcel genera en la sociedad la falsa ilusión de encerrar el mal, pero ofrece pocosresultados. El sistema carcelario debe cumplir su función sin violar los derechosfundamentales de todos los presos, cuidando su salud, promoviendo su reeducación yrecuperación. Nos duele y preocupa que casi la mitad de los presos no tenga sentencia. Lamayoría de ellos son jóvenes pobres y sin posibilidades para contratar abogados quedefiendan sus causas. Ningún delito justifica el maltrato o la falta de respeto a la dignidad delos detenidos. Gracias a Dios algunos cumplen la palabra de Jesús: “Estuve preso y mevisitaron”
(Mt 25,36).

8.

Nos estamos acostumbrando a la violencia verbal, a las calumnias y a la mentira, que
“socava la confianza entre los hombres y rompe el tejido de las relaciones sociales”
(Catecismo de la Iglesia Católica, 2486). Urge en la Argentina recuperar el compromiso conla verdad, en todas sus dimensiones. Sin ese paso estamos condenados al desencuentro y auna falsa apariencia de diálogo.

9.

Estos síntomas son graves. Sin embargo, en el cuerpo de nuestra sociedad se encuentrantambién los recursos para afrontar el paciente camino de la recuperación. Todos estamosinvolucrados en primera persona. Destacamos, ante todo, el profundo anhelo de paz quesigue animando el compromiso de tantos ciudadanos. No hay aquí distinción entre creyentesy quienes no lo son. Todos estamos llamados a la tarea de educarnos para la paz.

10.

Nosotros creemos que Dios es “fuente de toda razón y justicia”
y que los peores males brotandel propio corazón humano. El vínculo de amor con Jesús vivo cura nuestra violencia más profunda y es el camino para avanzar en la amistad social y en la cultura del encuentro. A
esto se refiere el Papa Francisco cuando nos invita a “cuidarnos unos a otros”.
Jesús nos
enseñó que “Dios hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos
” (Mt 5, 45). No hay persona que esté fuera de su corazón. En su proyecto de amor lahumanidad entera está llamada a la plenitud. No hay una vida que valga más y otras menos:la del niño y el adulto, varón o mujer, trabajador o empresario, rico o pobre. Toda vida debeser cuidada y ayudada en su desarrollo desde la concepción hasta la muerte natural, en todassus etapas y dimensiones. Jesús es nuestra Paz, en él encontramos Vida y Vida abundante. AÉl volvemos nuestra mirada y en Él ponemos nuestra esperanza para renovar nuestrocompromiso en favor de la vida, la paz y la salud integral de nuestra querida Patria. Jesús nos
dice: “Felices los que trabajan por la paz…”
(Mt 5,9). Muchos ya lo están haciendo. Haydestacables iniciativas en escuelas, parroquias, clubes, talleres artísticos y otrasorganizaciones de la sociedad. Los alentamos a seguir siendo instrumentos de paz.Exhortamos particularmente a la dirigencia a desarrollar un diálogo que genere consensos y políticas de estado para superar la situación actual.

11.

La Virgen de Luján, presente en el corazón creyente de tantos argentinos y argentinas, nos anima y acompaña en nuestro empeño “…porque cada vez que miramos a María volvemos acreer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y laternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes…”
( EG 288)
Los obispos argentinosPilar – 107 Asamblea plenaria8 de mayo de 2014, Solemnidad de Nuestra Señora de Luján