Cuando todo era alegría en el local de Ana María López, a 8 cuadras de ahí el panorama era muy distinto en la sede de Elías Alvarez, la Junta Departamental del Partido Justicialista en Rivadavia. Apenas terminaron los comicios no había más de 20 personas. Fue en esos momentos que escucharon y vieron por un canal que ya daban como ganadora a su contrincante. La bronca estalló en el actual intendente, que dijo: “es una enorme injusticia y una irresponsabilidad que larguen una cosa así. Eso es mentira. Los datos que teníamos es que estábamos un poquito más arriba que la otra candidata. Por eso molestan estas versiones”.

Las caras largas de los pocos militantes, preanunciaban que la cosa venía mal. A fuerza de no flaquear, Guillermo Llull -encargado de los cómputos- aseguraba “estamos ansiosos por confirmar el triunfo del Frente para la Victoria”. Sólo un equipo de un canal televisión ocupaba el salón vacío del local de calle Perito Moreno. Como testigos mudos, sobre una banqueta había una pila de votos que, quién sabe ahora, en qué serán ocupados.

Con el caer de la tarde, los pocos militantes justicialistas de Rivadavia sentían cada vez más la derrota. “No vino nadie y otros se fueron. La gente es maldita, vieron que íbamos perdiendo y empezaron a irse”, decía Martín Valdez.

Entre murmullos se escuchaba: “nos sacaron 70 votos a 30, en una mesa. Hay otra de 60 a 40”.

Manuel Olivera, actual concejal, comentaba “no estoy triste ni nada. En política a veces se gana o se pierde. En algo hemos fallado, y soy tan responsable como el intendente”, mientras que por detrás un colaborador le soplaba “¡nos están haciendo teta!”. El silencio parecía hacer más dolorosa la derrota y la poca luz en todo el frente del búnker de Alvarez, daba esa sensación sombría que sentía su gente.

Roberto Correa, actual secretario General del municipio, hacía el aguante sentado en una banca. Otros viejos militantes charlaban bajito en una ronda, masticando el mal momento.

Alvarez prefería salir al fondo de rato en rato, tratando de respirar hondo en medio de la oscuridad. A las 21, no le quedó otra que reconocer la derrota. “Es el juego de la democracia. La pregunta es qué hicimos mal para que el vecino no nos considerara”, aseguró.