Carozo pintó de rosa. Renovó la fachada de su agencia de quiniela, tal vez con la intención de barajar y dar de nuevo, después de aquella trágica noche de asalto, tiros y muerte. Pero ni siquiera el tono chillón que ahora cubre los muros lo distrae de la realidad: todavía tiene custodia policial en su vereda.

Hace casi 3 meses, el 15 de julio, un pibe de 18 años quedó tendido en el asfalto de calle Juez Ramón Díaz, con el torso perforado. Un balazo sorpresivo dio vuelta los tantos, el asaltante perdió cuando el asaltado eligió defenderse. Fue el punto final para la corta y malograda vida de Federico Cornejo. La única historia cerrada fue la suya. El resto, sigue aún con final abierto. E incierto.

En la Cámara de Diputados discuten por estos días acerca de los menores que han cometido algún delito, desde los más leves hasta los más graves e irreversibles. La semana pasada, el Foro de Abogados llevó una idea que provocó más revuelo que adhesiones: disolver en el mediano plazo los institutos de menores -una alusión clara al Nazario Benavídez- y desarrollar un esquema de familias sustitutas.

"Yo no sé si el presidente del Foro se querrá llevar a su casa a un pibe de 16 años que ha cometido un homicidio", contestó luego el ministro de Desarrollo Humano, Daniel Molina, enérgico defensor del Nazario Benavídez como centro de rehabilitación/reinserción social de chicos que han transitado un camino delictivo difícil de revertir.

En cualquier caso, se trata de un problema todavía irresuelto. Aún hay menores entrampados en la marginalidad y, por lo tanto, las adicciones, el robo, los abusos, el crimen. Si tienen menos de 16 años, vuelven a su casa después de una reprimenda oficial sin importar la gravedad de la falta cometida. Regresan al lugar donde se formaron en la marginalidad. Más allá de la buena voluntad de algún trabajador social, quedan a merced del mismo caldo de cultivo que los llevó a delinquir.

Mientras tanto, la Corte de Justicia logró la creación de nuevos juzgados civiles para atender temas de dinero, mientras mantiene la misma estructura de menores que hace décadas. El único que levantó la voz para criticar tremenda insensatez fue el fiscal general Eduardo Quattropani.

Carozo pintó de rosa. Federico murió. El resto, sigue todo igual.