Cercana, cómplice y siempre atenta a cada cosa que pasara a su alrededor. Así se mostró la presidenta Cristina Fernández de Kirchner con el gobernador Gioja. Lo hizo partícipe de cada momento y lo chicaneó vez que pudo con la idea de sacarle una sonrisa al sanjuanino, que siempre retribuyó con un gesto afable. Coquetearon con los logros políticos de cada uno: Gioja, como se esperaba, halagó la decisión del Gobierno nacional de nacionalizar YPF, y a cambio recibió un rosario de recuerdos vividos junto a su esposo cada vez que en vida del ex presidente Cristina tocó suelo provincial.

Desde que arribó a Cañada Honda, en Sarmiento, y al no haber ministros nacionales de peso que la acompañaran, el ‘oído’ de Cristina fue recurrentemente el de Gioja, que no desaprovechó oportunidad para llegarla a conmover, ya sea porque permanentemente sobrevoló el nombre de Néstor, o por actitudes que calaron hondo en las fibras más íntimas del corazón y de los gustos de la primera mandataria, como cuando le obsequió un cuadro del pintor sanjuanino Mario Pérez, uno de los artistas preferidos de CFK (ver aparte).

Pero en el derrotero de complicidades, curioso también resultó ver a los dos intentando que funcione una ‘gorra solar’, que según contó Gioja se la regaló un empleado de una playa de estacionamiento cercana a Tribunales y que le cayó como anillo al dedo para el acontecimiento. Es que el curioso ‘aparato’, una especie de ventilador portátil alimentado por un panel fotovoltáico que tenía en la parte superior de la visera, despertó la intriga de la Presidenta que pidió una igual para sus dos hijos: Máximo y Florencia. La cortesía se trasladó hasta dentro de la carpa y en cada momento que Fernández de Kirchner tomó contacto vía teleconferencia con los distintos puntos, Gioja le sopló algunos detalles de las obras que en cada lugar se presentaban para que no ‘metiera la pata’ en detalles técnicos. ‘‘Vamos a tener que empezar a usar las remeras del cocodrilo ahora que se hacen en San Juan’’, siguió Gioja alimentando con su verborragia el clima ameno del acto, dichos que por enésima vez dibujaron una mueca en el rostro de la Jefa de Estado.

‘‘Se sintió cómoda’’, atinó a decir Gioja tras una tarde agotadora que culminó pasadas las 20 horas de ayer. Es que no hubo momentos de tensión que alteraran el humor presidencial, al punto que sorprendió a propios y extraños cuando se ‘prendió’ con un baile y los cánticos que propusieron desde el fondo de la gigantesca carpa las decenas de jóvenes militantes de la JP, Kolina y La Cámpora, que con sus gritos se ‘disputaron el amor’ de Cristina.