La Presidenta ingresó pasadas las 17.15 a la sala; de riguroso y tradicional negro, saludó a los funcionarios y empresarios ubicados en las primeras filas de la sala y se ubicó, junto a los ministros que la acompañaron, frente a una larga mesa improvisada para la ocasión. El Salón de las Mujeres de Presidencia, el preferido de Cristina, estuvo colmado. Más de 150 personas siguieron atentamente la videoconferencia con San Juan, en un clima relajado, que por momentos se convirtió en un derroche de confianza con José Luis Gioja.
Rápidamente dio inicio al acto y se entabló la comunicación ; hubo miradas cómplices con Boudou, su cuñada Alicia y también con la titular de Industria, Débora Giorgi, con quienes asintió al ver las imágenes locales con los distintos emprendimientos.
Hubo varios de los sentados en el sector de los invitados que acompañaron los anuncios con flashes desde sus lugares -la prensa se dispone atrás de una especie de corralito y únicamente ingresa al salón una vez que se haya retirado la Presidenta, salvo que ella especifique lo contrario- y hubo quienes también se pusieron de pie para aplaudir. Grandes, jóvenes, niños, emprendedores, la audiencia compuso un mix de personas que decidieron estar en el evento tan esperado, tras la cancelación del viaje del día martes. Ella, lamentó no haber podido viajar cuando reiteró el episodio de las cenizas volcánicas que obligó a cancelar el vuelo que la iba a llevar a la tierra del sol.
Cristina aplaudió cuando el gerente general de Vesuvio le contó de los desafíos de la firma para 2012 -duplicar la producción y la cantidad de puestos de trabajo-. A tono con su discurso, cuando dijo que “era impensable años atrás que en una provincia del país profundo podamos estar instalando una fábrica tan importante‘.
Se la vio muy emocionada, con los ojos vidriosos y festejando cada inauguración, burlando con cariño “el mangazo constante del gobernador”. Y no ocultó su encanto con las dos chiquitas que le agradecieron por los nuevos establecimientos educativos que inauguró a la distancia. Apenas vio a Mailén y Victoria, empezó a hacerles señas para saludarlas. También, logró apenas sonrojarse y esbozar una sonrisa cuando una de las maestras le dijo que se acordara que le quedaban cuatro años más para ir a Obispo Zapata, en Caucete, a lo que la Presidenta contestó que si Dios y el pueblo lo quieren sería así.
El trato entre los mandatarios, coloquial y distendido, recibió comentarios de la audiencia que llegó al histórico salón de la Casa Rosada. “Este Gioja, si no la gana la empata” vociferó uno de los concurrentes cuando el sanjuanino la apalabró a Cristina para que venga a la provincia.

